20 de noviembre de 2010
14 de noviembre de 2010
Sombras
13 de noviembre de 2010
Columna seca
Columna seca. Me dije, es magnífico, una especie de radiocasete con un mensaje realmente intrigante. Estaba sacando la foto y atrayendo la atención de algunos transeúntes - siempre es así, en cuando haces algo distinto pasa eso o aparece un guardia de seguridad - cuando realmente me di cuenta que ahí no había ninguna clase de intervención artística. El fantástico Columna seca no resultaba ser más que un aviso, probablemente para bomberos. Dicho de otro modo: aquel icono no era un radiocasete sino una cosa muy útil en caso de incendio, desplome o yo que sé qué accidente. Y como colegirán ustedes, me llevé una profunda decepción. Resulta que uno, al final, presa de su entusiasmo, ve cosas donde no las hay. Iba a proseguir mi andadura, taciturno, apesadumbrado y todo cuanto podamos añadir que suene así un poco literario cuando reparé en que alguien había tachonado algunas de las letras del cartel, tal y como puede observarse en el siguiente detalle;
Al fin, en aquel cartel había un proceso aunque aún estuviera lejos de los fenómenos a los que aquí solemos prestar atención, mucho más nítidos y elaborados. El asunto invita a la reflexión y se asemeja al estudio de los restos de alguna tribu primitiva o una forma de vida microscópica. Ésto para mi viene a ser como si ahora encontraran protozoos en Marte. Quizá no es la clase de vida que soñamos encontrar pero nos ofrece el consuelo de no estar solos en el universo. Al menos, a nivel biológico. Si nos hemos encontrado con ésto en otra ocasión, quizás, podamos echar una partida de ajedrez con un alienígena.
12 de noviembre de 2010
Ese cosquilleo en el estómago que…
11 de noviembre de 2010
Hoy: La crisis y una aguda revisión de la filosofía nietzscheana
10 de noviembre de 2010
P pe
Hacía mucho que había dejado el tema aparcado, pero el destino ha querido entrecruzarse como el argumento de una telenovela. Colocado en una papelera, sólo a la vista de miradas especialmente atentas y sensibilizadas con estas prácticas subversivas, se anunciaba este fenomenal Pepe. La ciudad, por vez primera, te revela un mensaje, un juego, y al instante el espectador entra a formar parte de esta delirante trivialidad. Vi como las letras tipo, perfectamente contorneadas (arrancadas de algún lugar con celo, paciencia y mimo, alguna pe mayúscula un poco arrugada) hacían sombras en el acero inoxidable de la papelera que destellaba flamante e impoluta. Papelera se convierte en Pepe. O mejor dicho en “P pe”. Quizá la e que faltaba sucumbió a la terrible monotonía urbana.
Documento este hecho en el que no participé como autor pero sí como espectador sobrecogido por esta fina gamberrada.
Otro día os comento la gala de los premios MTV.
Hoy me voy a poner la bufanda para escribir
29 de octubre de 2010
Dibujos infantiles II
Este dibujo siempre lo he guardado con un cariño especial. Recuerdo que hice bastantes de este tipo y constituían una empresa que me obligaba a estar distraído en gran parte de las clases. Los cartones sobre los que está hecho acompañaban a los tacos de folios que nos daban en el colegio. Eran estos cartones un bien muy preciado ya que, por cada cien folios, correspondía un cartón de manera que muy pocos alumnos eran poseedores de estos cartones tremendamente útiles para escribir encima de ellos, folio mediante, de manera que la tinta del bolígrafo se deslizase con soltura. Mi condición de artista no me daba preferencia a la hora de recibir un cartón de manera que cuando uno llegaba a mis manos tenía que aprovecharlo al máximo. Solía enlazarlos unos con otros hasta formar dípticos y trípticos infinitos como puede verse en la imagen. Por lo general mis compañeros apreciaban mi minuciosa labor pero en una ocasión uno se enfadó conmigo y me rompió un dibujo delante de mis narices. Le dije orgulloso que no me importaba, que podía hacer más y para demostrarlo me hice con otro cartón y empecé a dibujar. Realmente eso era lo importante, el talento de dibujar y no el dibujo en sí, el esfuerzo y la dedicación. Pero claro, con eso uno no se consuela. Aunque dije que no me importara en realidad con el dibujo también se me desgarró un pedazo de alma pero de ninguna forma debía dar muestras a mi enemigo de desfallecimiento pues entonces su motivo tendría respuesta y podía llevarle a repetir la acción y bastaban unos segundos para acabar con un trabajo de semanas enteras. Todo ésto lo razonaba yo con muy corta edad. Dada mi frenética actividad dibujística acarreaba un gran gasto de bolígrafos y recuerdo que los guardaba en el estuche cuando su vida se extinguía. Conocía muy bien las calidades de la tinta y a veces hasta los personificaba como si fueran una dinastía, de manera que los bolígrafos hijos iban enterrando a sus antedecesores.Dibujos infantiles

Revisando cosas que tenía por ahí me he dado cuenta que ya desde temprana edad tenía cierta sensibilidad hacia lo... ehm... mecánico. Fíjense si no en las montañas del segundo dibujo, en los brotes de hierba o en los copos de nieve del primero, ahí ya se trasluce lo que terminaría convirtiéndose en una auténtica enfermedad artística. También era muy maniático en el asunto de los colores; no se me ocurría mezclarlos ni tampoco sacarlos de sus delimitados contornos. A todo esto ¿Qué narices hacía el flautista de Hamelin con un cuchillo?14 de octubre de 2010
Nanorelatos
1
Te asomaste al balcón
de aquella lluviosa mañana, confusa, aturdida.
2
Una palabra
me sobra para dudar de mi ingenio.
3
Y de repente…
Ocurrió lo que menos te esperabas.
4
Ocupado en soñar
Realmente tenía todo lo que podría soñar.
5
Una, dos…
bueno, hasta diez todavía queda. Descanso un poco.
6
La carta
Nunca la recibirás, ya no sirven las palabras.
7
- ¡No!
¡No lo hagas, por favor! -
11 de octubre de 2010
8 de octubre de 2010
El origen de las discusiones
La carta
Ya no se escriben cartas. Bueno… cierto es que se escriben, las escriben otros y de distinta forma. A lo que quiero referirme es que antes se estudiaban toda suerte de fórmulas corteses y protocolarias que le ahorraban a uno gastos elocuentes tan desafortunados como el que me ocupa. Pensaba en todo esto porque primero he pensado mucho en cómo empezar esta carta y también he pensado otro tanto en si hacerlo o no. Finalmente me he decidido por escribir, por hacerlo de este modo y, si este texto llega hasta ti, huelga decir que también lo habré enviado lo cual todo tilda de evidentísimo y poco fascinante. La historia de esta carta es, a parte del prólogo, laboriosa porque la he escrito cien veces cuanto menos y la he destruido otras tantas. Esa historia a la que no tengo intención de hacer más referencia guarda un sinnúmero de borradores que algún día editaré en un grueso tomo y me harán famoso por la cantidad de sandeces que puedo llegar a decir.
Acabado el embarazoso proceso de empezar a entablar correspondencia, me siento realmente extenuado hasta tal punto que he olvidado lo que quería decirte, que era lo verdaderamente importante de todo el asunto. De cualquier forma acabo de recordar que me dejé olvidado en tu casa un jersey gris de cuello alto. Espero poder aclararte en otra misiva el asunto que me movía a escribirte antes de que me enredara en los placeres que encierran las formas. Así, puedes tirar esta carta pues, recapacitando, me doy cuenta de que sólo es digno de recuerdo lo del jersey, lo cual es bien triste, dicho sea de paso.
Espero que estés bien.
Atentamente y todo lo demás
Microbios
Éste fue el ganador:
El artista
—Lo sentimos, Adolf, pero no tienes bastante talento.
Otros que me han gustado:
Cuento de terror
Cuando quisimos darnos cuenta, éramos todos funcionarios.
Preámbulo de las Bermudas
Perdidos en triangulaciones, nunca zarpamos.
Los relatos son autoría de Alejandro Vicente, Oscar Sipán y Eduardo Rezzano, respectivamente.
Por si a alguien le puede interesar, el premio único son doscientos euros lo cual, a una media de diez palabras por relato, sale la palabra a veinte euros. No creo que ni siquiera el nuevo premio Nóbel Mario Vargas Llosa escriba tan caro.

