
miércoles 24 de junio de 2009
lunes 8 de junio de 2009
Encuentros en la ciudad
http://proyectosii0809-fernandocarcamo.blogspot.com/
viernes 6 de febrero de 2009
sábado 17 de enero de 2009
viernes 26 de diciembre de 2008
El viaje de Antonio

Enlace del capítulo
http://www.rtve.es/alacarta/la1/temas/series.html#368628
El capítulo fue lo más visto en el día de navidad, con 4.337.000 de espectadores y un share medio del 21,4%. Sinceramente, no sé qué es eso del share, lo que sí sé es que antes del día de navidad habíamos escuchado la pieza unas seis o siete personas, que luego, al presentar la pieza en otros lugares como la facultad e internet se convertirían en quince más a lo sumo.
Lo raro es que nadie que la había escuchado esperaba que un día fuera a ser tan escuchada salvo el director de la serie, claro, con quien coincidí en la facultad y decidió publicar el trabajo. En fin, uno no termina de creérselo aunque haya visto el capítulo cien veces. Todo esto me enseña una cosa acerca del arte y es que... por muy ingrata que sea la vida del artista a veces, como en esta ocasión, pasa un ángel.
jueves 4 de diciembre de 2008
Carteles en la calle (donde deberían estar)



La primera de ellas corresponde a la intervención ciudadana y anónima, intervenciones a las que venimos prestando atención en este blog de manera especial. Posiblemente un/a tal A.O.V. declara su amor a un/a tal J.R.T. utilizando los medios de anouncement casero y marqueting urbano. Esto me recuerda a una inscripción que ví en una barandilla de la estación de Atocha, en un lugar recoleto y apartado. La inscripción era una petición de mano manuscrita con su respuesta también, y la respuesta, por si a alguien le interesa, era un sí quiero. No sé hasta que punto esta petición es seria, pero yo tiendo a imaginar a la supuesta pareja ya de casados en su aniversario yendo a la estación de Atocha, a su rinconcito, para leer la inscripción y no puedo evitar enternecerme hasta cierto punto cursi. En los dos casos, digo, en el caso de la petición de mano y el cartel de la declaración de amor, la ciudad, ese espacio común, aséptico y neutro, se convierte en depositario de una historia íntima y personalísima, de declaraciones profundas y llenas de vida. Las huellas humanas, torpes y efímeras, son como anotaciones o aun dibujos descuidados en un vetusto pliego de papeles mecanografiados con márgen justificado y fuente Arial, diez puntos. Este pliego de papeles, que pongamos son burocráticos, es la ciudad y lo otro ya he dicho lo que era.
Segunda foto. Trabajo de un tal Pablo Rubio para la clase de Fundamentos de la plástica en la universidad C.E.S. Felipe II. Lo describe así:
Incomunicados
Una serie de no-signos que usurpan una técnica común de comunicación pública casera para proyectar un contenido poético.
Seguramente, si le enseño la documentación a cualquiera que no esté un poco sensibilizado con estas cosas me diría que el que escribió el anuncio lo pegó al revés o que, con la lluvia, la tinta ha desaparecido. A mí me parece curioso cómo el enfoque artístico de este objeto lo ha convertido en algo tan inútil como abierto a cualquier tipo de interpretación o de intervención. Da que pensar un anuncio en blanco, bien por su condición de no-signo que señala el autor, bien por si a uno le da por escribir ahí algo, aprovechando el espacio en blanco. Otro autor que me sale al paso es El tono, proveniente del mundo del graffitti.

Por si alguien está interesado en saber más, ésta documentación la recoge Javier Abarca en sus páginas sobre arte urbano.
Bien, sigo. Tercera foto. Ví la obra en la feria de Estampa de este año y es de un tal Busto Bocanegra. Se trata de un panel gigante compuesto a base de anuncios. Cuanta información pude recopilar a cerca de esta obra se reduce a una escueta definición de los medios de publicidad casera y algunas notas. Por ejemplo, se nos dice que los anuncios representan un sistema de economía sumergida normalmente hecho para inmigrantes y que son un medio precario y eficaz, vivo, que se superpone e invade los espacios con impunidad. El artista ha sido meticuloso a la hora de escoger los carteles, lo cual está muy bien, pero, siendo crítico, hecho en falta una refundación más sólida de su obra en concreto.
Se me ocurrió que, igual que él había despegado los anuncios de los pobres inmigrantes para meterlos en el circuito del arte (lucrándose con ello y demás) yo podía haber cogido su panel gigante (con ayuda, claro) y colocarlo delante de uno de los carteles anunciadores de la misma feria de Estampa, por poner un ejemplo. Sería una acción parecida a la de aquel "loco" que tachonó uno de los cuadros de Pollock. Me enteré de esta última acción gracias a un colectivo de artistas que no se sabe quiénes son y que tienden a inventarse las cosas con lo cual lo mismo esta acción no se ha producido pero poco importa porque lo interesante es el tema de las nuevas dimensiones del arte. Lo que quiero decir es que quizá el panel gigante de anuncios no estuviera en el lugar adecuado, lo mismo que el cuadro de Pollock, o igual sí, pero lo que no está en su sitio es la institución que los alberga.
miércoles 3 de diciembre de 2008
miércoles 12 de noviembre de 2008
lunes 27 de octubre de 2008

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Alguien había sustituido el logotipo de RENFE, con su clásica tipografía, por el de FRENE, en un perfecto anagrama y lo había pegado en un lugar donde no suele haber inscripciones, lo cual quizá fuera el motivo por el que mi compañera reparara en su existencia, no así el personal de limpieza. No encontré al autor de aquel anagrama en el vagón ya que éste estaba, como puede observarse, prácticamente vacío. Algunos bordes se habían despegado, eso, y el aspecto del soporte me llevan a pensar que el autor arrancó las letras del lugar donde estaban, alteró su orden, y las volvió a colocar en otro lugar; aunque a lo mejor me equivoco y en realidad su intervención no fuera tan ortodoxa y supusiera un proceso de elaboración distinto, esto es, fotocopiar las letras sobre algún tipo de papel adhesivo.
En cuanto al autor, bien podría ser un adolescente despreocupado en un simple juego lúdico, bien un estudiante de la facultad (dado que los trenes cubren el trayecto) o cualquier otro artista urbano más o menos formado, bien cualquier otra persona por la razón que fuera, pudiendo ser de lo más peregrina. Antes de que iniciara esta andadura ya tenía el conocimiento de ciertos sujetos madrileños que sustituyeron la indicación de la estación “Palos de la frontera” por “Palos en la frontera”.
http://www.redretro.org/
En este enlace se puede ver la Red Retro, una acción suburbana que busca cambiar recorridos. Claro que… ya puestos a ver, quién no habrá visto algún logo tergiversado de la mano de autores diversos, valgan los dos ejemplos siguientes

Atribuir autores en el caso de los carteles de metro es difícil porque, por motivos legales, prefieren esconderse en el anonimato mientras que en el segundo… corren a cargo de diseñadores aburridos o incluso diseñadores contratados expresamente para eso. Respecto a lo último, me vienen a la cabeza algunos sketchs de televisión donde se hace una parodia de un producto y se sustituye la marca por otra parecida e ingeniosa.
En fin, volviendo a los primeros casos, podrá cuestionarse si estamos hablando de arte o no, pero lo que sin duda podemos afirmar es que no se trata de objetos comerciales. Son expresiones que pueden surgir en cualquier lugar, de cualquier forma; pueden ser realizadas por cualquiera y observadas por todo el mundo. Queda claro que no son diestras o especializadas, ni, como dije, mucho menos susceptibles de ser intercambiadas por un valor monetario. La huella de estas intervenciones, en el caso de ser reproducida y comercializada, pierde sentido. Aunque actualmente manifestaciones de arte de todo tipo tengan cabida en museos y galerías, especialmente aquellas inspiradas en el idealismo del 68, no deja de ser extraordinario este hecho. Imaginemos una exposición de los carteles de metro... podrían aparecer las fotografías de los carteles, o incluso algún cartel, habría catálogos y canapés, comisarios, críticos... y alguien que pagaría una suma de dinero por los derechos de la idea. Creo que la sola imagen, por sí misma y sin necesidad de argumentar mucho más, ya es un poco extraña.
miércoles 15 de octubre de 2008
A guiso de explicación de algunas fotos aparecidas en esta página
El paseo por la ciudad es, a mi ver, una impostura, todo lo contrario que vagar por el medio natural donde el acto parece envuelto de cierta espiritualidad. Esto ya lo he dicho en otros sitios pero no me importa repetirlo nuevamente. Las calles son vías que pretenden organizar y pautar los desplazamientos y esto las hace ciertamente incómodas. Entiéndase, son muy cabales los órdenes planificados, pero a veces nuestras necesidades no son, por decir, siempre prácticas y cabales. Lo que quiero expresar es que quizá sea lo más práctico vivir en un cuadrado donde cada cosa está en su sitio –valga la aproximación– pero a lo mejor uno se siente más a gusto, por poner, en un óvalo. Lo característico de aquel cuadrado es que será siempre eso mismo, un cuadrado, mientras que el óvalo puede convertirse en círculo, o en huevo, esto es; que no tenemos que conformarnos con adaptarnos a un sitio cuando el sitio puede adaptarse a nuestro pensamiento. Los efectos y las formas del ambiente geográfico repercuten directamente sobre las emociones del individuo y el comportamiento de las personas. Esto ya lo advirtieron, entre otros, los situacionistas, elaborando propuestas de lo que se hoy consideramos un urbanismo alternativo. Si vives en un cuadrado probablemente acabes pensando de forma cuadrada. Estos situacionistas eran unos personajes ciertamente entrañables que no querían vivir en cuadrados ni andar las calles para ir de casa al trabajo, del trabajo al centro comercial y del centro comercial a casa. En este sentido, me imagino la vida de un antiguo romano viviendo en una de sus antiguas ciudades, todo lleno de cuadrados del mismo lado y de calles de la misma medida, algo así como vivir en el ensanche de Barcelona o en cualquier otro sitio donde nuestros queridos urbanistas colocan un papel cuadriculado y dibujan un tablero de ajedrez. Si pensamos cabal y prácticamente es imposible perderse en uno de estos lugares por la sencilla razón de que todo está, en apariencia, más ordenado, pero lo artificial de este hecho convierte la geografía en un laberinto. No importa cuánto has andado, siempre te parecerá estar en el mismo sitio porque todo es igual. En el sentido opuesto estarían quizá esos antiguos palacios persas con su sistema de apadana, un complejo ingenioso de tapices corredizos que convertían el edificio en un espacio multifuncional y adaptable a capricho. Si el jerarca se levantaba ese día de buen humor corría los tapices y celebraba una fiesta en un gran salón y, si acaso venía su primo a visitarle, pues le preparaba una habitación. A simple vista puede parecer una mera cuestión de espacio, pero es, como digo, mucho más; la concepción de un espacio va ligada al pensamiento.

La mayoría de los espacios de la ciudad son vías de tránsito, no de estancia. Quedarse parado en la ciudad es difícil pues no sólo hay pocos lugares destinados a tal fin sino que el hecho de pararse parece suponer un retroceso en la ferviente actividad productiva. Esta actividad gobierna el trazado de la ciudad. No sé si viene a cuento o no, el caso es que el otro día visité el blog de un colectivo artístico cuyo nombre no recuerdo y descubrí a un señor tumbado en medio de la calle. Supongo que algo de todo esto le vendría a la cabeza. Un aspecto particularmente molesto de aquella relación tránsito-producción es la sobreabundancia de carteles, letreros luminosos, simbología... estos mensajes son de todo tipo; indicativos, informativos, publicitarios, comerciales e incluso personales y hasta subversivos. Por norma general son grandes para que se puedan ver desde cualquier sitio y cortos para que se puedan leer con prisa y sin esfuerzo. Unos mensajes que tenemos la obligación de ver y a los que no podemos contestar, la analogía con la televisión, en este caso, me parece clara. La única diferencia con la televisión estriba en que tú puedes apagarla y no verla mientras que toda la parafernalia a la que me refiero es imposible evitarla. En algunos sitios se ha tratado de regular este fenómeno y las propuestas han sido varias; desde la ciudad de São Paulo, donde se ha suprimido toda publicidad, hasta Madrid, donde el gobierno habilitó no hace demasiado tiempo unos polémicos espacios especialmente concebidos para ubicarla. El clásico conflicto de los gobiernos contra el graffiti es otro ejemplo de lucha contra la contaminación visual que, ya digo, puede ser varia y diversa.
Mi propuesta se centra en alterar este tipo de realidades como respuesta a aquellos mensajes. En principio, estoy tomando fotografías de letreros y cambiando el orden de las letras para formar nuevas palabras en un juego más o menos poético pero sin descartar la posibilidad de intervenir directamente sobre los carteles, siempre y cuando dicha intervención fuera respetuosa.
lunes 29 de septiembre de 2008
sábado 27 de septiembre de 2008
lunes 22 de septiembre de 2008
jueves 18 de septiembre de 2008
miércoles 17 de septiembre de 2008
lunes 1 de septiembre de 2008
sábado 30 de agosto de 2008
Respecto al matrimonio
miércoles 27 de agosto de 2008
miércoles 6 de agosto de 2008
“Un día, desocupado lector, te levantas sin más,
al igual que te levantas cada día después de otro. Te levantas todos los días y si no te levantaras un día, tendrías que levantarte otro, porque quien no se levanta ni un día ni otro es porque está muerto. Ese día, lector desocupado, no trates de retenerlo en tu memoria, no merece la pena, a menos que suceda algo absolutamente excepcional no podrás recordarlo”. Lo confundirás con otros días, lo terminarás olvidando, supondrás, simplemente lo que Wenceslao suponía, que se levantó un día como se levantaba otro día más. “Quizás te revelaras contra esta pedantería, quizá ese día no te diera la gana levantarte, qué vainas, aunque tuvieras que hacerlo, quizá no te levantaras ese día precisamente por tenerte que levantar; bastan las obligaciones a veces para intrigarte con planteamientos contrarios que nunca te atreverás a cumplir. Haces bien en no atreverte; si te atrevieras no serías un héroe, ni un loco, simplemente serías cadáver. Asimismo, como no, es igualmente probable que encontraras ánimos para emprender un nuevo día, quizá hasta te detuvieras a reflexionar unos instantes. "Habría que agradecerle a Dios" o "había que agradecer al menos a Nadie", habría que agradecer, concluyes, el inmenso privilegio de levantarte en un día como aquel. Miraste la calle inundada por las primeras luces desapacibles de la mañana agradecido, cada vez más admirado de tu dicha, ya que aunque no poseas todo cuanto se puede poseer, al fin y al cabo, sí tienes cuanto necesitas junto con lo más importante: voluntad suficiente como para conseguir cuanto puedas necesitar. Miraste la calle pero lo mismo te inundó la incomprensión y el vértigo, la náusea, reparando en tu insignificancia en estado de avance irremediable, en lo absurdo de aquella calle y en lo absurdo de tus inútiles pertenencias, tan inútiles como su posesor. Un día decidiste llevar la contraria a este texto abominable, nada más que un puñado de letras inconexas, "aunque no pueda recordar este día (a menos que suceda algo absolutamente excepcional), sí puedo vivirlo tal si de mi último día se tratara, aprovechar agradecido cada segundo, luchar por cada instante que pueda ganar". No, ese día en realidad no decidiste nada, los días no han de servirte de nada, ¿para qué los días? Sólo han de servir, en algún caso, para prolongar una agonía sin sentido.
Que un día te levantaras, pese a mirar la calle, o a reflexionar de una u otra manera, pese a que te levantaras en un día excepcional, no podrías recordarlo. Si reflexionas entusiasmado o hastiado se debe posiblemente a que hallas cenado bien o mal la noche anterior, eso, si has cenado. Si no has cenado posiblemente te levantes y reflexiones hambriento pero no te equivocas; el grado de tristeza o alegría de una persona, ya lo sabes, depende más de su estado interior o de su disposición física que de exteriores circunstanciales. Adviertes esto: si a todos los hombres les ocurriera una desgracia, iguales ante esa misma desgracia, no todos se sentirían en la misma medida desgraciados o, lo que es lo mismo, no todos los hombres sufren el mismo hambre aun padeciéndolo. Lo sabes, no te aflige el hambre pero ahora te martiriza el frío. Imaginas que habrá quien viva en esa gran explanada rusa cuyo nombre no acude a tu recuerdo pero lo tiene aunque no lo recuerdes[1], y a ese alguien posiblemente le cuelguen carámbanos de hielo de la nariz y no sea capaz de distinguir con la vista una locomotora a cinco metros aunque el mismísimo Zar Nicolás I la conduzca, a causa de la ventisca de nieve. Imaginas que ese entrañable ruso, pese a todo, se dirá que no tiene tanto frío, que el invierno pasado por aquellas fechas fue peor. Mas tú tienes frío, aunque ni nieve ni llueva tan siquiera, aunque el ruso no lo tenga y aunque tú puedas imaginártelo.
La verdad es que no reflexionas entusiasmado o hastiado si no se trata de una vez excepcional. El resto de los días que no son excepcionales te levantas y punto. Que te dirijas cabizbajo y sumiso al matadero o con la cabeza alta y triunfal hasta las puertas del Olimpo no importa demasiado. El destino que se abate sobre ti te alcanzará pienses lo que pienses, seas quien seas o quien digas ser, te guste o no. ¿Tiene ahora sentido hacer lo que haces? Tú lo haces y punto. A lo que haces no le buscas un profundo sentido, si buscases un profundo sentido estarías buscando un profundo sentido y no haciendo lo que haces.
[1] De Siberia podría tratarse aunque Rusia esté llena de explanadas y aunque Rusia misma, dado el extremo, pudiera considerarse (poéticamente, esto es, erróneamente) una explanada helada.
...
El punto, en una apurada definición, es el final de la frase. Eso no basta. Habría que atender también a su función lógica, al comprender a través del punto el orden, el enlace y la dependencia de las ideas. ¿Y de aquella puntuación que permite traducir la ironía, la emoción; aquella puntuación que produce un cambio de registro que introduce cierta melodía en la frase? Un punto es el final de la frase, sea, pero tres puntos seguidos son tres puntos suspensivos. Utilícense para ahorrarle a uno palabras previsibles, vocablos molestos… omitir intervalos, dejar frases inconclusas…
domingo 3 de agosto de 2008
lunes 21 de julio de 2008
viernes 18 de julio de 2008
jueves 10 de julio de 2008
martes 8 de julio de 2008
lunes 7 de julio de 2008
viernes 4 de julio de 2008
miércoles 2 de julio de 2008
lunes 30 de junio de 2008
domingo 29 de junio de 2008
Lo que no es y parece ser
«[…] unas cosas hay que ni son ni lo parecen, y esa es ya necedad: que aunque no sea de ley, procure parecerlo; otras hay que son y lo parecen, y esto no es mucho; otras que son y no parecen, y esta es la suma necedad. Pero el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber».
[Gracián, Baltasar. El criticón].
jueves 26 de junio de 2008
miércoles 25 de junio de 2008
martes 24 de junio de 2008
domingo 22 de junio de 2008
martes 17 de junio de 2008
Recomendaciones morales para pasar la página (1)
1. Es conveniente, por comodidad, dirigirse siempre a la parte superior o inferior del margen derecho para volver la página, ya que los ángulos del libro ofrecen mayor agarre y seguridad -mayor tacto, digamos- que la zona central.
2. Si se opta por volver una página desde la zona central se advertirá prontamente que el libro sufre mayor deterioro: las posibilidades, aun bastante remotas (depende, claro, del estado del libro y del estado del lector) de rasgar la página se incrementan y, en suma, existe cierta tendencia a volver las páginas arrastrando cualquier falange sobre la cara primera, impregnando con mayor facilidad el papel de sudor, grasa o incluso saliva si uno previamente ha humedecido la yema de su dedo (aquí hablamos de segregaciones corporales pero ello no excluye que los dedos pudieran estar impregnados de otras sustancias).
3. Sobre la práctica de humedecer los dedos calificarla de muy poco cívica y educada. Sabemos de la mejor adherencia y facilidad de volver la página con el dedo humedecido pero ello no origina sino un deterioro del libro y un gasto adicional de saliva.
4. Se recomienda el uso de las siguientes falanges: pulgar, índice y corazón. El anular, como su propio nombre indica, sirve para llevar anillos, en cuanto al meñique, constituye la falange más despreciable de las cinco.
5. En caso de que se quiera realizar una lectura rápida, descuidada… en caso, decimos, de que se quiera buscar, por poner, un pasaje concreto… se puede recurrir al uso de la zona central, manteniendo el pulgar sobre el canto de las páginas y dejando que éstas se deslicen suavemente según la presión ejercida.
6. La falta de costumbre da pie a que a la hora de volver las páginas en el orden menos habitual (no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda), es decir, a la hora de volver sobre las páginas, se cometan con mayor frecuencia toda clase de errores del tipo ya indicados.
7. Se recomienda, asimismo, hacer uso de la inteligencia (esto no sólo a la hora de volver una página) y evitar en la medida de lo posible el marcar una página doblándola, insertando un marca-páginas de grosor inadecuado, o subrayar, garabatear, anotar, escribir… sobre el libro, amén de otras prácticas de índole diversa y/o conferir al libro unos usos que no le son propios.
La traición del lenguaje
martes 3 de junio de 2008
ARCO 07



domingo 25 de mayo de 2008
viernes 9 de mayo de 2008
Música para móviles
Con el surgimiento de las redes P2P y el descenso de las ventas discográficas, son prácticamente innumerables la cantidad de músicos que han emprendido nuevas estrategias comerciales alejadas de la clásica venta de discos. No hay que relacionar el auge de las redes P2P con la crisis de la industria discográfica pues los años en los que se desarrollaron Napster y otros programas de descarga las ventas mantuvieron sus cifras. Tampoco el bajo coste de un CD virgen tiene relación, más bien lo que parece que ha desvirtuado el formato disco es su alto coste que ha oscilado muy levemente ante un descenso de la demanda.
Así como los artistas urbanos utilizan las impresoras de chorro de tinta por su economía, también yo me serviré de este método versátil. Lo que concede una impresora de tinta es un resultado que estéticamente puede competir con los diseños publicitarios, que puede imitar el lenguaje publicitario hasta el término de revertirlo o, de cualquier manera, que se pueden obtener resultados industriales adaptados a nuestras propias exigencias. Llegado a este punto cabría preguntarme si para la materialización de mi obra yo necesitaba forzosamente servirme de las impresoras de chorro de tinta. Dado que mi obra iba a distribuirse en varias copias me parecía acertado que las copias fueran idénticas tanto en su apariencia como en su contenido. Y, por supuesto, no quería relacionar la obra con el concepto de una serie limitada. Dicho de otra forma; si yo hubiera querido que los discos fueran objetos artísticos según la manera en que lo es una obra de arte tradicional, esto es, ensalzando su valor objetual, regalaría o vendería un disco y me encargaría de que, por sus condiciones, fuera difícilmente imitable. Sin embargo a mí me interesaba su difusión y su copia, cuantas más mejor, y elegí el soporte CD por ser actualmente el formato más fácilmente reproducible, así como el formato MP3. En este sentido me pareció acertado elaborar una carátula impresa mediante chorro de tinta, que podría poner a disposición de quien quisiese en la web, de este modo, todas las copias serían igual de legítimas. Me interesaba que quien tuviera un disco en sus manos dijera ¡vaya, un disco de verdad! Pero que al escucharlo descubriera que es un disco de mentira. Ni que decir tiene que para conseguir este efecto no podía limitarme a caligrafiar las carátulas.
Nuevas prácticas de arte urbano asociadas a los personal media también podrían relacionarse con mi obra. Al fin y al cabo no dejo de utilizar medios tecnológicos que están a disposición del usuario para construir y distribuir mi obra.

El disco se presenta en un doble CD que tiene por título Call waiting concerto y como subtítulo Exclusive music for celulars. Cuando hablo de música exclusiva para teléfonos móviles destaco la idea de que esta música ha sido especialmente compuesta para ser escuchada en terminales e invito al oyente de este CD a trasladar los archivos a su móvil y, si fuera preciso, a utilizarlos como señal de llamada. Lo que más me gusta de esta idea no es el mero hecho de producir meras señales de llamada sino trasladar la música a diferentes conquistas espacios temporales. Por eso no he compuesto tonos de llamada, sino piezas de duración de entre dos y tres minutos. Una señal de llamada puede sonar prácticamente en cualquier parte del mundo y el director de orquesta es aquel que realiza la llamada; él es quien determina cuándo va a empezar la representación y cuándo va a acabar. El público de esta obra puede ser desde ninguna persona a tantas como en ese momento escuchen la llamada. Las instrucciones para que estas piezas puedan ejecutarse vienen detalladas en la contraportada del CD lo cual explica por qué la obra se distribuye en CD y no meramente a través de Bluetooth.
Una muestra del contenido de la obra:
jueves 8 de mayo de 2008
Eros en Lavapies
Internet es un espacio abierto y se construyó sobre la idea de libre intercambio, con lo cual, también podía ser uno de los lugares de acción. Barajé todas las posibilidades de contar un mito, desde hacerlo en una plaza pasando por internet o el teléfono hasta llegar a las cartas. En cuanto a la plaza, iba a ser muy difícil no diluirse en medio del caos de la urbe. Salvo que me vistiera de antiguo griego y me subiera al corner street el acto corría el riesgo de pasar inadvertido o en convertirse, meramente, en una excentricidad más. Tocante al teléfono, la idea era muy seductora. Alguien anónimo recibiría mi llamada (también anónima, recordemos) y acto seguido me entretendría en la narración de un mito. Necesitaba que la acción quedase documentada y en el caso del teléfono parecía difícil grabar el registro de voz. La carta parecía ser el medio más adecuado, conservaba cierto aspecto bucólico y se prestaba a un desarrollo mayor.
Una compañera de la facultad, en la exposición del proyecto, me sugirió que acaso podía fragmentar los relatos de tal forma que dejase al oyente con sólo una parte de la narración, es decir, intrigado y esto me dio que pensar. Podía fragmentar el relato haciendo que distintos oyentes tuvieran sólo una parte del mismo y así reivindicaría la idea del saber ahistórico que va pasando de boca en boca. En resumen, cogería un texto y lo dividiría en varias cartas. Tenía que relacionar a estos sujetos de alguna forma y así fue como se me ocurrió hacerlos remitentes y destinatarios. Supongamos que yo cojo un texto y lo divido en tres partes: A, B y C. A remite a B, B remite a C y C remite a A. Si yo soy B, recibo una carta de A y mando una carta a C. ¿Sencillo, no? Ahora tenía que escoger el texto procurando que fuera acertado.
Inicialmente pensé en Hermes. Hermes es el mensajero de los dioses y de mensajes iba la cosa. Pero una asociación así era demasiado obvia, tenía que penetrar más en el universo de los mitos y así fue como me topé con la fábula de Eros y Psique, en las Metamorfosis de Apuleyo. Voy, si me permiten, a narrar brevemente un mito:
La bellísima Psique atrajo la admiración de los conciudadanos de una ciudad de Grecia, de donde su padre era rey. Venus, diosa de la belleza, celosa por esta admiración, encargó a su hijo Eros que le inflamase el amor por el más horrendo de los monstruos. Nadie se atrevió a pedir la mano de la doncella y ante este hecho sus padres decidieron consultar al oráculo. El oráculo profetizó que su destino era llevarla a lo alto de un monte donde la desposaría un ser ante el que temblaría el mismo Júpiter. Fue así que Psique se vio trasladada a un fastuoso palacio donde pasaría sus días como esposa de un marido que le visitaba sólo por las noches y al que no podía ver. El marido le pidió que guardase este secreto y le advirtió sobre sus hermanas, que buscarían el fin de su amor. Precisamente las hermanas de Psique acudieron a visitarla cuando esta quedó encinta y lograron infundir el temor en Psique que su marido fuera un horrible monstruo. Le aconsejaron que, cuando su marido durmiera, encendiera una lámpara y le descubriera. Así lo hizo y a quien descubrió fue al mismísimo Eros, quien había quedado enamorado de Psique cuando su madre le mandó cumplir el encargo, de ahí que no pudiera descubrirle. Una gota de aceite le despertó y los amantes, roto el secreto, se separaron.
La historia prosigue pero vamos a detenernos aquí. Los destinatarios de las cartas son vecinos que, como Eros y Psique, duermen al lado todas las noches sin saber muy bien quiénes son. La acción sería el consejo de las hermanas que incitan a que el receptor de la carta se ponga en contacto con el emisor pudiendo descubrir que en verdad, con quien duermen es un horrendo monstruo, o acaso un Dios. Esto era lo verdaderamente interesante de la acción, que un vecino se pusiera en contacto con otro vecino y ambos descubrieran que habían recibido una carta, quizá se reunieran todos los vecinos y completasen el relato… restaba por encontrar el lugar en el que se desarrollaría la acción y este fue el barrio de Lavapiés. ¿Por qué Lavapies? Porque en Lavapies había encontrado una “R”.
Recuerden que yo quería dibujar, pues bien, los puntos donde se entregarían las cartas se unirían mediante líneas y esas líneas y esos puntos serían, al cabo, una palabra: Eros.
Eros que, en griego, significa amor. Y hablando de esto, gracias a Julia por su participación en esta acción, sin la cual, es seguro, no se hubiera llevado a cabo.
Exordio
«Un tipo va por el mundo, se tropieza en un puente y se pone a escribir versitos geniales. Yo le aseguro que ese tío es un guarro, porque en vez de contar tantas sílabas y de consultar el diccionario de la rima, lo que debe hacer es trabajarse a la señora, o casarse con ella, que tampoco está mal».




























































