miércoles 24 de junio de 2009


lunes 8 de junio de 2009

Encuentros en la ciudad

Finalmente, he concluído el blog de proyectos.

http://proyectosii0809-fernandocarcamo.blogspot.com/

quería agradecer desde aquí el apoyo de Ju, sin la cual, hubiera sido prácticamente imposible llevar a cabo todas las partes. Es increíble ver cómo ha derivado lo que en principio empezó como un jueguecito poético.
En fin... ahora, a otra cosa.

viernes 6 de febrero de 2009

video

sábado 17 de enero de 2009


viernes 26 de diciembre de 2008

El viaje de Antonio

Gran aparición de un servidor en la pequeña pantalla, concretamente, en la serie Cuéntame cómo pasó, en el último capítulo de la décima temporada Ha pasado un ángel. Música de Dedos magos desde el minuto 48:14 a 50:28, algunos ya conoceréis la sintonía.

Enlace del capítulo

http://www.rtve.es/alacarta/la1/temas/series.html#368628

El capítulo fue lo más visto en el día de navidad, con 4.337.000 de espectadores y un share medio del 21,4%. Sinceramente, no sé qué es eso del share, lo que sí sé es que antes del día de navidad habíamos escuchado la pieza unas seis o siete personas, que luego, al presentar la pieza en otros lugares como la facultad e internet se convertirían en quince más a lo sumo.



Lo raro es que nadie que la había escuchado esperaba que un día fuera a ser tan escuchada salvo el director de la serie, claro, con quien coincidí en la facultad y decidió publicar el trabajo. En fin, uno no termina de creérselo aunque haya visto el capítulo cien veces. Todo esto me enseña una cosa acerca del arte y es que... por muy ingrata que sea la vida del artista a veces, como en esta ocasión, pasa un ángel.

jueves 4 de diciembre de 2008

Carteles en la calle (donde deberían estar)

No sé si estarán las imágenes... voy a buscarlas, un momento. (Busco las imágenes y las cuelgo).




La primera de ellas corresponde a la intervención ciudadana y anónima, intervenciones a las que venimos prestando atención en este blog de manera especial. Posiblemente un/a tal A.O.V. declara su amor a un/a tal J.R.T. utilizando los medios de anouncement casero y marqueting urbano. Esto me recuerda a una inscripción que ví en una barandilla de la estación de Atocha, en un lugar recoleto y apartado. La inscripción era una petición de mano manuscrita con su respuesta también, y la respuesta, por si a alguien le interesa, era un sí quiero. No sé hasta que punto esta petición es seria, pero yo tiendo a imaginar a la supuesta pareja ya de casados en su aniversario yendo a la estación de Atocha, a su rinconcito, para leer la inscripción y no puedo evitar enternecerme hasta cierto punto cursi. En los dos casos, digo, en el caso de la petición de mano y el cartel de la declaración de amor, la ciudad, ese espacio común, aséptico y neutro, se convierte en depositario de una historia íntima y personalísima, de declaraciones profundas y llenas de vida. Las huellas humanas, torpes y efímeras, son como anotaciones o aun dibujos descuidados en un vetusto pliego de papeles mecanografiados con márgen justificado y fuente Arial, diez puntos. Este pliego de papeles, que pongamos son burocráticos, es la ciudad y lo otro ya he dicho lo que era.

Segunda foto. Trabajo de un tal Pablo Rubio para la clase de Fundamentos de la plástica en la universidad C.E.S. Felipe II. Lo describe así:

Incomunicados
Una serie de no-signos que usurpan una técnica común de comunicación pública casera para proyectar un contenido poético.

Seguramente, si le enseño la documentación a cualquiera que no esté un poco sensibilizado con estas cosas me diría que el que escribió el anuncio lo pegó al revés o que, con la lluvia, la tinta ha desaparecido. A mí me parece curioso cómo el enfoque artístico de este objeto lo ha convertido en algo tan inútil como abierto a cualquier tipo de interpretación o de intervención. Da que pensar un anuncio en blanco, bien por su condición de no-signo que señala el autor, bien por si a uno le da por escribir ahí algo, aprovechando el espacio en blanco. Otro autor que me sale al paso es El tono, proveniente del mundo del graffitti.

Por si alguien está interesado en saber más, ésta documentación la recoge Javier Abarca en sus páginas sobre arte urbano.

Bien, sigo. Tercera foto. Ví la obra en la feria de Estampa de este año y es de un tal Busto Bocanegra. Se trata de un panel gigante compuesto a base de anuncios. Cuanta información pude recopilar a cerca de esta obra se reduce a una escueta definición de los medios de publicidad casera y algunas notas. Por ejemplo, se nos dice que los anuncios representan un sistema de economía sumergida normalmente hecho para inmigrantes y que son un medio precario y eficaz, vivo, que se superpone e invade los espacios con impunidad. El artista ha sido meticuloso a la hora de escoger los carteles, lo cual está muy bien, pero, siendo crítico, hecho en falta una refundación más sólida de su obra en concreto.

Se me ocurrió que, igual que él había despegado los anuncios de los pobres inmigrantes para meterlos en el circuito del arte (lucrándose con ello y demás) yo podía haber cogido su panel gigante (con ayuda, claro) y colocarlo delante de uno de los carteles anunciadores de la misma feria de Estampa, por poner un ejemplo. Sería una acción parecida a la de aquel "loco" que tachonó uno de los cuadros de Pollock. Me enteré de esta última acción gracias a un colectivo de artistas que no se sabe quiénes son y que tienden a inventarse las cosas con lo cual lo mismo esta acción no se ha producido pero poco importa porque lo interesante es el tema de las nuevas dimensiones del arte. Lo que quiero decir es que quizá el panel gigante de anuncios no estuviera en el lugar adecuado, lo mismo que el cuadro de Pollock, o igual sí, pero lo que no está en su sitio es la institución que los alberga.

miércoles 3 de diciembre de 2008

Escaleras

Las de la izquierda, bajan; las del centro suben o bajan y las de la derecha suben.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Permanentemente me he desplazado a otro blog, para seguir investigando desde allí. Esta es la dirección:

lunes 27 de octubre de 2008

Cubría el trayecto a la facultad en tren, en compañía de unos compañeros de clase cuando uno de ellos llamó mi atención sobre una extraña inscripción. Al darme la vuelta y acercarme a una papelera, pude ver lo siguiente:

Alguien había sustituido el logotipo de RENFE, con su clásica tipografía, por el de FRENE, en un perfecto anagrama y lo había pegado en un lugar donde no suele haber inscripciones, lo cual quizá fuera el motivo por el que mi compañera reparara en su existencia, no así el personal de limpieza. No encontré al autor de aquel anagrama en el vagón ya que éste estaba, como puede observarse, prácticamente vacío. Algunos bordes se habían despegado, eso, y el aspecto del soporte me llevan a pensar que el autor arrancó las letras del lugar donde estaban, alteró su orden, y las volvió a colocar en otro lugar; aunque a lo mejor me equivoco y en realidad su intervención no fuera tan ortodoxa y supusiera un proceso de elaboración distinto, esto es, fotocopiar las letras sobre algún tipo de papel adhesivo.

En cuanto al autor, bien podría ser un adolescente despreocupado en un simple juego lúdico, bien un estudiante de la facultad (dado que los trenes cubren el trayecto) o cualquier otro artista urbano más o menos formado, bien cualquier otra persona por la razón que fuera, pudiendo ser de lo más peregrina. Antes de que iniciara esta andadura ya tenía el conocimiento de ciertos sujetos madrileños que sustituyeron la indicación de la estación “Palos de la frontera” por “Palos en la frontera”.

http://www.redretro.org/

En este enlace se puede ver la Red Retro, una acción suburbana que busca cambiar recorridos. Claro que… ya puestos a ver, quién no habrá visto algún logo tergiversado de la mano de autores diversos, valgan los dos ejemplos siguientes

Atribuir autores en el caso de los carteles de metro es difícil porque, por motivos legales, prefieren esconderse en el anonimato mientras que en el segundo… corren a cargo de diseñadores aburridos o incluso diseñadores contratados expresamente para eso. Respecto a lo último, me vienen a la cabeza algunos sketchs de televisión donde se hace una parodia de un producto y se sustituye la marca por otra parecida e ingeniosa.

En fin, volviendo a los primeros casos, podrá cuestionarse si estamos hablando de arte o no, pero lo que sin duda podemos afirmar es que no se trata de objetos comerciales. Son expresiones que pueden surgir en cualquier lugar, de cualquier forma; pueden ser realizadas por cualquiera y observadas por todo el mundo. Queda claro que no son diestras o especializadas, ni, como dije, mucho menos susceptibles de ser intercambiadas por un valor monetario. La huella de estas intervenciones, en el caso de ser reproducida y comercializada, pierde sentido. Aunque actualmente manifestaciones de arte de todo tipo tengan cabida en museos y galerías, especialmente aquellas inspiradas en el idealismo del 68, no deja de ser extraordinario este hecho. Imaginemos una exposición de los carteles de metro... podrían aparecer las fotografías de los carteles, o incluso algún cartel, habría catálogos y canapés, comisarios, críticos... y alguien que pagaría una suma de dinero por los derechos de la idea. Creo que la sola imagen, por sí misma y sin necesidad de argumentar mucho más, ya es un poco extraña.

miércoles 15 de octubre de 2008

A guiso de explicación de algunas fotos aparecidas en esta página

El paseo por la ciudad es, a mi ver, una impostura, todo lo contrario que vagar por el medio natural donde el acto parece envuelto de cierta espiritualidad. Esto ya lo he dicho en otros sitios pero no me importa repetirlo nuevamente. Las calles son vías que pretenden organizar y pautar los desplazamientos y esto las hace ciertamente incómodas. Entiéndase, son muy cabales los órdenes planificados, pero a veces nuestras necesidades no son, por decir, siempre prácticas y cabales. Lo que quiero expresar es que quizá sea lo más práctico vivir en un cuadrado donde cada cosa está en su sitio –valga la aproximación– pero a lo mejor uno se siente más a gusto, por poner, en un óvalo. Lo característico de aquel cuadrado es que será siempre eso mismo, un cuadrado, mientras que el óvalo puede convertirse en círculo, o en huevo, esto es; que no tenemos que conformarnos con adaptarnos a un sitio cuando el sitio puede adaptarse a nuestro pensamiento. Los efectos y las formas del ambiente geográfico repercuten directamente sobre las emociones del individuo y el comportamiento de las personas. Esto ya lo advirtieron, entre otros, los situacionistas, elaborando propuestas de lo que se hoy consideramos un urbanismo alternativo. Si vives en un cuadrado probablemente acabes pensando de forma cuadrada. Estos situacionistas eran unos personajes ciertamente entrañables que no querían vivir en cuadrados ni andar las calles para ir de casa al trabajo, del trabajo al centro comercial y del centro comercial a casa. En este sentido, me imagino la vida de un antiguo romano viviendo en una de sus antiguas ciudades, todo lleno de cuadrados del mismo lado y de calles de la misma medida, algo así como vivir en el ensanche de Barcelona o en cualquier otro sitio donde nuestros queridos urbanistas colocan un papel cuadriculado y dibujan un tablero de ajedrez. Si pensamos cabal y prácticamente es imposible perderse en uno de estos lugares por la sencilla razón de que todo está, en apariencia, más ordenado, pero lo artificial de este hecho convierte la geografía en un laberinto. No importa cuánto has andado, siempre te parecerá estar en el mismo sitio porque todo es igual. En el sentido opuesto estarían quizá esos antiguos palacios persas con su sistema de apadana, un complejo ingenioso de tapices corredizos que convertían el edificio en un espacio multifuncional y adaptable a capricho. Si el jerarca se levantaba ese día de buen humor corría los tapices y celebraba una fiesta en un gran salón y, si acaso venía su primo a visitarle, pues le preparaba una habitación. A simple vista puede parecer una mera cuestión de espacio, pero es, como digo, mucho más; la concepción de un espacio va ligada al pensamiento.



La mayoría de los espacios de la ciudad son vías de tránsito, no de estancia. Quedarse parado en la ciudad es difícil pues no sólo hay pocos lugares destinados a tal fin sino que el hecho de pararse parece suponer un retroceso en la ferviente actividad productiva. Esta actividad gobierna el trazado de la ciudad. No sé si viene a cuento o no, el caso es que el otro día visité el blog de un colectivo artístico cuyo nombre no recuerdo y descubrí a un señor tumbado en medio de la calle. Supongo que algo de todo esto le vendría a la cabeza. Un aspecto particularmente molesto de aquella relación tránsito-producción es la sobreabundancia de carteles, letreros luminosos, simbología... estos mensajes son de todo tipo; indicativos, informativos, publicitarios, comerciales e incluso personales y hasta subversivos. Por norma general son grandes para que se puedan ver desde cualquier sitio y cortos para que se puedan leer con prisa y sin esfuerzo. Unos mensajes que tenemos la obligación de ver y a los que no podemos contestar, la analogía con la televisión, en este caso, me parece clara. La única diferencia con la televisión estriba en que tú puedes apagarla y no verla mientras que toda la parafernalia a la que me refiero es imposible evitarla. En algunos sitios se ha tratado de regular este fenómeno y las propuestas han sido varias; desde la ciudad de São Paulo, donde se ha suprimido toda publicidad, hasta Madrid, donde el gobierno habilitó no hace demasiado tiempo unos polémicos espacios especialmente concebidos para ubicarla. El clásico conflicto de los gobiernos contra el graffiti es otro ejemplo de lucha contra la contaminación visual que, ya digo, puede ser varia y diversa.

Mi propuesta se centra en alterar este tipo de realidades como respuesta a aquellos mensajes. En principio, estoy tomando fotografías de letreros y cambiando el orden de las letras para formar nuevas palabras en un juego más o menos poético pero sin descartar la posibilidad de intervenir directamente sobre los carteles, siempre y cuando dicha intervención fuera respetuosa.

lunes 29 de septiembre de 2008

- ¿qué opina usted de rémora, don Matías? -. Don Matías no se acostumbraba al don ni a aquellas odiosas preguntas. - ¿De quién? - De rémora ¿no le parece escultural, culminante, como cenagal? - Me convence más vincapervinca, qué quiere que le diga. - No sé, don Matías, a mi me parece un juego de palabras - y a don Matías la poesía le parecía eso mismo. - ¿Y maltusiano, no le suena culminante maltusiano? - Da lástima, parece una enfermedad. - ¿Cárdeno, quizás? - No, cárdeno no, más bien cimarrón. - ¿Cimarrón le parece culminante? - No hombre, maltusiano me parece más cimarrón que cárdeno. - Yo le proponía cárdeno antes que rémora. - Ah, en ese caso, usted perdone, lleva razón; cárdeno, sí, suena escultural.- ¿Y cenagal se lo parecía? - Sí, pero me quedo con cárdeno. Muchas gracias don Matías, me había quedado trabado. - Encontró una rémora, querrá decir. - ¿Cómo? - Sí, un obstáculo. - Ruego que me disculpe, don Matías, pero me tiene en ascuas. - Déjelo, era un chiste desafortunado -. El otro repuso, muy serio: - si quiere ser poeta, don Matías, debe empezar por olvidarse de los significados. - Ya, ya, la poesía me interesa sobremanera pero yo me marchaba, adiós y buenas noches. - ¿Tan pronto? - Mañana tengo que personarme en el periódico. - ¡Oh, el arte es mercenario! mercenario suena a mecenas, a mercantil, a mercurio, a mercería y a merluza ¿no cree don Matías? - Mucho, mucho. ¿Sabe usted que esto de la poesía dentro de poco va a ser considerada como una enfermedad cerebral? - ¿Qué me dice? ¡Lo que faltaba! -. Interrumpió la conversación una dama - a propósito, don Marías, leí su artículo en el adelantado, qué duro es usted don Marías -. Matías Gris se envaneció un poco y llegó a agradecer el cumplido - sería más duro si no me censuraran siempre medio artículo en cuanto a mi nombre, es don Matías señora…. - Señorita Rosaura, Rosaurita para mis amigos. - Señorita Rosaura, de momento, yo don Matías, encantado, Ma-tí-as. - Quizá ese artículo tan duro que leí no fuera suyo, usted dispense, creí que usted se llamaba Marías. - ¡Oh, el arte es fugitivo! fugitivo evoca fuego, fusil…. - Por cierto señores, permítanme hacer una pregunta a don Matías...
[Las torres de papel. Cap. XIII].

Low-tech music

sábado 27 de septiembre de 2008


* y otra idea más de Ju

lunes 22 de septiembre de 2008

*Otra idea de Ju
* Una idea de Ju

jueves 18 de septiembre de 2008


miércoles 17 de septiembre de 2008





lunes 1 de septiembre de 2008

Con la música a otra parte

sábado 30 de agosto de 2008

Respecto al matrimonio

nuestra sociedad es pluralista y acepta sus dos formas básicas: la monógama y la polígama, siendo más frecuente la poliandria que la poliginia, mas esta última también es lícita. También son lícitos los matrimonios entre homosexuales y los matrimonios grupales mas estos, si cabe, son quizás menos frecuentes que la poliginia. Los primeros no perpetúan la especie, los segundos son proclives a disolverse en una red de celos y discordia. Nuestro sistema matrimonial ha sido diseñado para adaptarse a las condiciones naturales; según sea mayor el número de individuos de un sexo u otro el Estado establece el régimen de casamiento, equilibrando la diferencia y asegurando la correcta perpetuidad de la especie. Por lo habitual, excluyendo la poliginia y demás casos poco habituales, conforme a la riqueza del consorte femenino a este se le permiten tener más o menos esposos. La reina, por poner, creo que tiene cerca de ciento doce y es que el matrimonio está estrechamente relacionado con el poder adquisitivo y el status social. El primer consorte masculino tiene prioridades sobre los demás, estando al cargo de los fetiches de la casa. El segundo consorte tiene el deber de afeitar la cabeza a su esposa y cortarle las uñas. El tercer consorte tiene la misión de caminar sobre las palmas de las manos para favorecer el agrado de los dioses. El cuarto consorte ha de caminar sobre ascuas al rojo vivo cada vez que la esposa no acude al templo, al quinto se le prohíben comer habas… así en lo sucesivo, imponiéndose cada vez trabajos más difíciles y denigrantes conforme se desciende en el sistema piramidal de forma que así se impide que el casamiento lastre el progreso social pues nadie quiere ser un décimo esposo -. Intrigado, pregunté a Daín por los fetiches del primer esposo. - Son objetos en los que residen las almas o espíritus de los difuntos, importantes en los rituales religiosos. Cada familia conserva sus fetiches y contra más fetiches se conserven más prestigiosa es entonces la tradición familiar. Nuestra poliandria es del tipo fraternal. Así, cuando un hombre se casa, se convierte también en consorte de todas las hermanas de su mujer. La endogamia sólo está reservada a los dioses y a los reyes por causas evidentes: sólo alguien de la más alta condición puede casarse con su igual. Nuestros dioses, de hecho, sólo pueden casarse consigo mismos. En suma, el Estado determina como conveniente la exogamia; así la sociedad se renueva, aumenta sus vínculos de amistad y relación. El traspaso de los bienes antifernales, de gran importancia en nuestra cultura, se producen en un ceremonial en el que se establecen los derechos sobre el cónyuge, el carácter legal del matrimonio y el status de los vástagos. Si no se pagan los bienes antifernales decimos que el matrimonio es inmoral y los hijos de este matrimonio tendrán dos cabezas. Si una mujer no paga los bienes antifernales su consorte puede hacer uso de la siguiente fórmula: “¿puedo preguntarte dónde orinó tu ganado?” lo que quiere decir que es demasiado pobre o ruin para haberse casado en debida forma con él. La orina del ganado representa un papel importante dentro del matrimonio. Si el consorte está interesado en una dama, para averiguar su condición o status, ha de sumergir la cabeza en los orines del ganado. Si el ganado no orina, orina poco o de forma irregular, esto es seña de que la dama no proviene de buena familia -.
[El salvador del país de las musarañas, cap. 5].

miércoles 27 de agosto de 2008


miércoles 6 de agosto de 2008

“Un día, desocupado lector, te levantas sin más,

al igual que te levantas cada día después de otro. Te levantas todos los días y si no te levantaras un día, tendrías que levantarte otro, porque quien no se levanta ni un día ni otro es porque está muerto. Ese día, lector desocupado, no trates de retenerlo en tu memoria, no merece la pena, a menos que suceda algo absolutamente excepcional no podrás recordarlo”. Lo confundirás con otros días, lo terminarás olvidando, supondrás, simplemente lo que Wenceslao suponía, que se levantó un día como se levantaba otro día más. “Quizás te revelaras contra esta pedantería, quizá ese día no te diera la gana levantarte, qué vainas, aunque tuvieras que hacerlo, quizá no te levantaras ese día precisamente por tenerte que levantar; bastan las obligaciones a veces para intrigarte con planteamientos contrarios que nunca te atreverás a cumplir. Haces bien en no atreverte; si te atrevieras no serías un héroe, ni un loco, simplemente serías cadáver. Asimismo, como no, es igualmente probable que encontraras ánimos para emprender un nuevo día, quizá hasta te detuvieras a reflexionar unos instantes. "Habría que agradecerle a Dios" o "había que agradecer al menos a Nadie", habría que agradecer, concluyes, el inmenso privilegio de levantarte en un día como aquel. Miraste la calle inundada por las primeras luces desapacibles de la mañana agradecido, cada vez más admirado de tu dicha, ya que aunque no poseas todo cuanto se puede poseer, al fin y al cabo, sí tienes cuanto necesitas junto con lo más importante: voluntad suficiente como para conseguir cuanto puedas necesitar. Miraste la calle pero lo mismo te inundó la incomprensión y el vértigo, la náusea, reparando en tu insignificancia en estado de avance irremediable, en lo absurdo de aquella calle y en lo absurdo de tus inútiles pertenencias, tan inútiles como su posesor. Un día decidiste llevar la contraria a este texto abominable, nada más que un puñado de letras inconexas, "aunque no pueda recordar este día (a menos que suceda algo absolutamente excepcional), sí puedo vivirlo tal si de mi último día se tratara, aprovechar agradecido cada segundo, luchar por cada instante que pueda ganar". No, ese día en realidad no decidiste nada, los días no han de servirte de nada, ¿para qué los días? Sólo han de servir, en algún caso, para prolongar una agonía sin sentido.

Que un día te levantaras, pese a mirar la calle, o a reflexionar de una u otra manera, pese a que te levantaras en un día excepcional, no podrías recordarlo. Si reflexionas entusiasmado o hastiado se debe posiblemente a que hallas cenado bien o mal la noche anterior, eso, si has cenado. Si no has cenado posiblemente te levantes y reflexiones hambriento pero no te equivocas; el grado de tristeza o alegría de una persona, ya lo sabes, depende más de su estado interior o de su disposición física que de exteriores circunstanciales. Adviertes esto: si a todos los hombres les ocurriera una desgracia, iguales ante esa misma desgracia, no todos se sentirían en la misma medida desgraciados o, lo que es lo mismo, no todos los hombres sufren el mismo hambre aun padeciéndolo. Lo sabes, no te aflige el hambre pero ahora te martiriza el frío. Imaginas que habrá quien viva en esa gran explanada rusa cuyo nombre no acude a tu recuerdo pero lo tiene aunque no lo recuerdes[1], y a ese alguien posiblemente le cuelguen carámbanos de hielo de la nariz y no sea capaz de distinguir con la vista una locomotora a cinco metros aunque el mismísimo Zar Nicolás I la conduzca, a causa de la ventisca de nieve. Imaginas que ese entrañable ruso, pese a todo, se dirá que no tiene tanto frío, que el invierno pasado por aquellas fechas fue peor. Mas tú tienes frío, aunque ni nieve ni llueva tan siquiera, aunque el ruso no lo tenga y aunque tú puedas imaginártelo.
La verdad es que no reflexionas entusiasmado o hastiado si no se trata de una vez excepcional. El resto de los días que no son excepcionales te levantas y punto. Que te dirijas cabizbajo y sumiso al matadero o con la cabeza alta y triunfal hasta las puertas del Olimpo no importa demasiado. El destino que se abate sobre ti te alcanzará pienses lo que pienses, seas quien seas o quien digas ser, te guste o no. ¿Tiene ahora sentido hacer lo que haces? Tú lo haces y punto. A lo que haces no le buscas un profundo sentido, si buscases un profundo sentido estarías buscando un profundo sentido y no haciendo lo que haces.

[1] De Siberia podría tratarse aunque Rusia esté llena de explanadas y aunque Rusia misma, dado el extremo, pudiera considerarse (poéticamente, esto es, erróneamente) una explanada helada.

[Las torres de papel. Cap. VI].

...

El punto, en una apurada definición, es el final de la frase. Eso no basta. Habría que atender también a su función lógica, al comprender a través del punto el orden, el enlace y la dependencia de las ideas. ¿Y de aquella puntuación que permite traducir la ironía, la emoción; aquella puntuación que produce un cambio de registro que introduce cierta melodía en la frase? Un punto es el final de la frase, sea, pero tres puntos seguidos son tres puntos suspensivos. Utilícense para ahorrarle a uno palabras previsibles, vocablos molestos… omitir intervalos, dejar frases inconclusas…

domingo 3 de agosto de 2008

Más música

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lunes 21 de julio de 2008







viernes 18 de julio de 2008



jueves 10 de julio de 2008






*Una idea Ju-Fer

* Una idea de Ju


martes 8 de julio de 2008






* Una idea de Ju



* Una idea de Ju




lunes 7 de julio de 2008



* Idea de Ju


* Idea de Ju




viernes 4 de julio de 2008

Nada interesante

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miércoles 2 de julio de 2008


* Una idea de Carlos M.






Una idea Ju-Fer



* Idea de Ju





lunes 30 de junio de 2008


domingo 29 de junio de 2008



Lo que no es y parece ser

«[…] unas cosas hay que ni son ni lo parecen, y esa es ya necedad: que aunque no sea de ley, procure parecerlo; otras hay que son y lo parecen, y esto no es mucho; otras que son y no parecen, y esta es la suma necedad. Pero el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber».

[Gracián, Baltasar. El criticón].

jueves 26 de junio de 2008



miércoles 25 de junio de 2008


*Otra idea de Ju
* Una idea de Ju.

martes 24 de junio de 2008



domingo 22 de junio de 2008




martes 17 de junio de 2008

Recomendaciones morales para pasar la página (1)

(1) Pasar la página y no pasar página, especificamos que no queremos hacer referencia a esa común expresión mediante la cual se alude al cierre de un capítulo lamentable.
No es nuestra intención subestimar la aguda inteligencia del lector hasta este extremo. Imaginamos que si en estos momentos se encuentra en el presente parágrafo es que, además de haber abierto el libro, ha pasado la página mas reflexionen por unos minutos: ¿la han pasado de forma conveniente? Al margen, por descontado, de si era conveniente pasar la página ¿podían haber pasado la página de forma mejor? Cada quien tiene un modo personal e intransferible de pasar la página, esto es claro, pero el hecho de pasar la página evidencia que ya se es víctima de algún tipo de convención. Dado que no pretendemos excedernos en la libresca inutilidad jactanciosa y preambular, ofreceremos una serie de consejos útiles fundamentados en la experiencia personal a fin de hacer del lector un ser menos contemporáneo:

1. Es conveniente, por comodidad, dirigirse siempre a la parte superior o inferior del margen derecho para volver la página, ya que los ángulos del libro ofrecen mayor agarre y seguridad -mayor tacto, digamos- que la zona central.

2. Si se opta por volver una página desde la zona central se advertirá prontamente que el libro sufre mayor deterioro: las posibilidades, aun bastante remotas (depende, claro, del estado del libro y del estado del lector) de rasgar la página se incrementan y, en suma, existe cierta tendencia a volver las páginas arrastrando cualquier falange sobre la cara primera, impregnando con mayor facilidad el papel de sudor, grasa o incluso saliva si uno previamente ha humedecido la yema de su dedo (aquí hablamos de segregaciones corporales pero ello no excluye que los dedos pudieran estar impregnados de otras sustancias).

3. Sobre la práctica de humedecer los dedos calificarla de muy poco cívica y educada. Sabemos de la mejor adherencia y facilidad de volver la página con el dedo humedecido pero ello no origina sino un deterioro del libro y un gasto adicional de saliva.

4. Se recomienda el uso de las siguientes falanges: pulgar, índice y corazón. El anular, como su propio nombre indica, sirve para llevar anillos, en cuanto al meñique, constituye la falange más despreciable de las cinco.

5. En caso de que se quiera realizar una lectura rápida, descuidada… en caso, decimos, de que se quiera buscar, por poner, un pasaje concreto… se puede recurrir al uso de la zona central, manteniendo el pulgar sobre el canto de las páginas y dejando que éstas se deslicen suavemente según la presión ejercida.

6. La falta de costumbre da pie a que a la hora de volver las páginas en el orden menos habitual (no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda), es decir, a la hora de volver sobre las páginas, se cometan con mayor frecuencia toda clase de errores del tipo ya indicados.

7. Se recomienda, asimismo, hacer uso de la inteligencia (esto no sólo a la hora de volver una página) y evitar en la medida de lo posible el marcar una página doblándola, insertando un marca-páginas de grosor inadecuado, o subrayar, garabatear, anotar, escribir… sobre el libro, amén de otras prácticas de índole diversa y/o conferir al libro unos usos que no le son propios.
[El salvador del país de las musarñas. Pág. 2].

Balada

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La traición del lenguaje

Las palabras crean sus propios lugares, sus propias situaciones y tratándose de tan limitados medios, no nos cabe esperar de ellas grandes alzamientos. La más bella descripción jamás leída, así leída, nos haría estremecernos de risa por su insultante simplicidad estructural, mero resultado de operaciones tan simples como lo son la gramática y la sintaxis. Ahora bien, la palabra, como su estructura, no es más que un vaso vacío más o menos ornamentado. Un discurso jamás es verdadero, sí podrá serlo en cambio su sentido. Podemos beber un vino excelente, que su excelencia será idéntica en un vaso reducido a su llana forma utilitaria que en otro vaso abigarrado de bellísimos bajorrelieves. Palabras, las justas, suficientes para que contengan vino y para evitar distraer nuestra degustación en su tallado. En este vaso que es la palabra se precipita el sentido, la palabra es una llave que debe abrir la misma puerta que el intelecto cerró no sin antes dejar al forastero la custodia de la llave. Hablamos, una vez más, de sentido, de significado, de ideas, y no de palabras, de estructuras, de significantes. Por esta razón es correcto enunciar que jamás se dice lo que se piensa, ni lo que se siente, por mucho que se deba siempre decir. Es claro que se dice una cosa distinta, otra cosa, y si da la casualidad de que esa palabra está en nuestro idioma, abrimos la puerta entonces, como en el cuento árabe. No sólo las palabras son simples simbolizaciones, también se hallan erosionadas de continuo por mil millones de lenguas y de plumas. Hay cierta ocasionalidad en los conceptos, es incontestable. Los conceptos son generalidades polivalentes que se refieren a algo determinado en cada ocasión. En la esfera objetual, material, la inestabilidad de los conceptos parte de la misma inestabilidad adyacente en los objetos sobre los que se aplican mientras que, en el ratio intelectual, ideal, podríamos decir que los conceptos siempre evocan un significado más o menos distinto dada la dispar penetración, apreciación… de las mentes sobre su entramado. No hay tantísimas palabras como sentidos y, en suma, somos tacaños en el uso de la palabra. En ese mar caótico de usos, dificultades y voluntades que es la comunicación con los demás, con uno mismo, se trata de utilizar, como es lógico, la palabra apropiada que más prontamente abra la puerta a la intelección. Porque faltan palabras, porque somos tacaños con ellas y, por extensión, con quien nos escucha; porque en las más grandes palabras están volcados los más grandes sentidos, decimos unas palabras por otras perdiendo en el camino una complejidad infinita de reflexiones. Tan dura es la traición a la que el lenguaje nos somete que al final sólo el escritor sabrá usar correctamente todas y cada una de las llaves que él mismo pulimentó y, así todo, estas llaves se oxidarán y hasta el mismo escritor encontrará, conforme el tiempo transcurra, mayores dificultades a la hora de abrir las puertas.

[Las torres de papel. Cap. IV. Pág 23].

Chismes sintéticos

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martes 3 de junio de 2008

ARCO 07

Aunque no apareciera en ningún catálogo, esta obra estuvo presente en ARCO 07. Tengo la satisfacción de poder incluir entre mis prácticas curriculares esta exposición en un circuito tan prestigioso. La obra de arte móvil entronca con planteamientos de André Cadere quien defiende el estar aquí, el adueñarse de un espacio. En cualquier caso, me ha fascinado la relación que Cadere establece con el objeto artístico, esto es, como algo que lleva consigo y que, llegado el caso, coloca cuidadosamente. Cadere, aunque no fuera invitado a las exposiciones, hacía acto de presencia con sus Barres de Bois y nosotros hicimos lo mismo en la feria con un cono de obra.



domingo 25 de mayo de 2008

viernes 9 de mayo de 2008

Algunas partituras





Esbozos de un proyecto algo Zaj que empecé con Carlos, miembro de los jokers.

Música para móviles

En la ejecución de este proyecto elegí un tema de actualidad, la venta de discos, dotándolo de ciertas connotaciones irónicas. La obra ambicionaba a inscribirse en el desarrollo de un tiempo presente haciendo referencia a temas comunes que cualquiera pudiera sentir como suyos. La perspectiva irónica es, nada más, una forma de alejamiento de las formas rígidas del arte. El tema es el siguiente: la mercantilización del arte. La cultura no debería ser negocio. Este trabajo es una reflexión crítica sobre determinados canales de distribución de la obra artística. Esencialmente, promueve un modelo de libre circulación del arte, no institucionalizado, no mediatizado, no mercantilizado.

Con el surgimiento de las redes P2P y el descenso de las ventas discográficas, son prácticamente innumerables la cantidad de músicos que han emprendido nuevas estrategias comerciales alejadas de la clásica venta de discos. No hay que relacionar el auge de las redes P2P con la crisis de la industria discográfica pues los años en los que se desarrollaron Napster y otros programas de descarga las ventas mantuvieron sus cifras. Tampoco el bajo coste de un CD virgen tiene relación, más bien lo que parece que ha desvirtuado el formato disco es su alto coste que ha oscilado muy levemente ante un descenso de la demanda.

Así como los artistas urbanos utilizan las impresoras de chorro de tinta por su economía, también yo me serviré de este método versátil. Lo que concede una impresora de tinta es un resultado que estéticamente puede competir con los diseños publicitarios, que puede imitar el lenguaje publicitario hasta el término de revertirlo o, de cualquier manera, que se pueden obtener resultados industriales adaptados a nuestras propias exigencias. Llegado a este punto cabría preguntarme si para la materialización de mi obra yo necesitaba forzosamente servirme de las impresoras de chorro de tinta. Dado que mi obra iba a distribuirse en varias copias me parecía acertado que las copias fueran idénticas tanto en su apariencia como en su contenido. Y, por supuesto, no quería relacionar la obra con el concepto de una serie limitada. Dicho de otra forma; si yo hubiera querido que los discos fueran objetos artísticos según la manera en que lo es una obra de arte tradicional, esto es, ensalzando su valor objetual, regalaría o vendería un disco y me encargaría de que, por sus condiciones, fuera difícilmente imitable. Sin embargo a mí me interesaba su difusión y su copia, cuantas más mejor, y elegí el soporte CD por ser actualmente el formato más fácilmente reproducible, así como el formato MP3. En este sentido me pareció acertado elaborar una carátula impresa mediante chorro de tinta, que podría poner a disposición de quien quisiese en la web, de este modo, todas las copias serían igual de legítimas. Me interesaba que quien tuviera un disco en sus manos dijera ¡vaya, un disco de verdad! Pero que al escucharlo descubriera que es un disco de mentira. Ni que decir tiene que para conseguir este efecto no podía limitarme a caligrafiar las carátulas.

Nuevas prácticas de arte urbano asociadas a los personal media también podrían relacionarse con mi obra. Al fin y al cabo no dejo de utilizar medios tecnológicos que están a disposición del usuario para construir y distribuir mi obra.



El disco se presenta en un doble CD que tiene por título Call waiting concerto y como subtítulo Exclusive music for celulars. Cuando hablo de música exclusiva para teléfonos móviles destaco la idea de que esta música ha sido especialmente compuesta para ser escuchada en terminales e invito al oyente de este CD a trasladar los archivos a su móvil y, si fuera preciso, a utilizarlos como señal de llamada. Lo que más me gusta de esta idea no es el mero hecho de producir meras señales de llamada sino trasladar la música a diferentes conquistas espacios temporales. Por eso no he compuesto tonos de llamada, sino piezas de duración de entre dos y tres minutos. Una señal de llamada puede sonar prácticamente en cualquier parte del mundo y el director de orquesta es aquel que realiza la llamada; él es quien determina cuándo va a empezar la representación y cuándo va a acabar. El público de esta obra puede ser desde ninguna persona a tantas como en ese momento escuchen la llamada. Las instrucciones para que estas piezas puedan ejecutarse vienen detalladas en la contraportada del CD lo cual explica por qué la obra se distribuye en CD y no meramente a través de Bluetooth.

Una muestra del contenido de la obra:


video

jueves 8 de mayo de 2008

Eros en Lavapies


Siempre me han fascinado los mitos de la Grecia clásica y a veces me había rondado la cabeza hacer algo con ellos. Tenía claro que para la asignatura de Proyectos quería dibujar y relacionarme con los mitos, pero todo eran vaguedades e irresoluciones. En cuanto me puse a dibujar mitos tuve la sensación de que estaba componiendo unos versos geniales, pero no me estaba trabajando a la señora. Tanto que me interesaban los mitos… qué hacía pintándolos en vez de narrarlos. Supuse que la pervivencia del mito no se asegura mediante la existencia de Las hilanderas sino más bien en favor de la tradición oral y escrita de la fábula de Aracne. El hecho de que la cosmogonía haya desaparecido en gran parte de nuestro imaginario, de otro lado, convertía mi labor en un trasunto de relicario. Antes de recrearme en un mito debía, primeramente, informar a mi audiencia sobre la existencia de ese mito. Durante el periodo de investigación me aburrí de ver ejemplos de lo que podría ser un arte mitológico, desde la antigua Grecia hasta nuestra más reciente actualidad. Tanto me aburrí que decidí aburrir a mis compañeros de clase con una exposición sobre toda aquella literatura en la que, de paso, llevé a cabo el experimento de contar mitos. Aquello me hizo pensar, era fabuloso que el mito fuera un relato ahistórico, esto es, que pasara de boca en boca. Lo que a mí me habían contado, yo lo estaba contando y posiblemente fuera contado así ad aeternum. Siempre he asociado la idea de cultura a la de saber libre y desinteresado y por eso la idea de actuar en el espacio público me atraía. Tengo que sumar a todo esto la idea del anonimato; consideraba requisito indispensable que la autoría de la obra renunciara al planteamiento clásico de la firma.

Internet es un espacio abierto y se construyó sobre la idea de libre intercambio, con lo cual, también podía ser uno de los lugares de acción. Barajé todas las posibilidades de contar un mito, desde hacerlo en una plaza pasando por internet o el teléfono hasta llegar a las cartas. En cuanto a la plaza, iba a ser muy difícil no diluirse en medio del caos de la urbe. Salvo que me vistiera de antiguo griego y me subiera al corner street el acto corría el riesgo de pasar inadvertido o en convertirse, meramente, en una excentricidad más. Tocante al teléfono, la idea era muy seductora. Alguien anónimo recibiría mi llamada (también anónima, recordemos) y acto seguido me entretendría en la narración de un mito. Necesitaba que la acción quedase documentada y en el caso del teléfono parecía difícil grabar el registro de voz. La carta parecía ser el medio más adecuado, conservaba cierto aspecto bucólico y se prestaba a un desarrollo mayor.

Una compañera de la facultad, en la exposición del proyecto, me sugirió que acaso podía fragmentar los relatos de tal forma que dejase al oyente con sólo una parte de la narración, es decir, intrigado y esto me dio que pensar. Podía fragmentar el relato haciendo que distintos oyentes tuvieran sólo una parte del mismo y así reivindicaría la idea del saber ahistórico que va pasando de boca en boca. En resumen, cogería un texto y lo dividiría en varias cartas. Tenía que relacionar a estos sujetos de alguna forma y así fue como se me ocurrió hacerlos remitentes y destinatarios. Supongamos que yo cojo un texto y lo divido en tres partes: A, B y C. A remite a B, B remite a C y C remite a A. Si yo soy B, recibo una carta de A y mando una carta a C. ¿Sencillo, no? Ahora tenía que escoger el texto procurando que fuera acertado.

Inicialmente pensé en Hermes. Hermes es el mensajero de los dioses y de mensajes iba la cosa. Pero una asociación así era demasiado obvia, tenía que penetrar más en el universo de los mitos y así fue como me topé con la fábula de Eros y Psique, en las Metamorfosis de Apuleyo. Voy, si me permiten, a narrar brevemente un mito:


La bellísima Psique atrajo la admiración de los conciudadanos de una ciudad de Grecia, de donde su padre era rey. Venus, diosa de la belleza, celosa por esta admiración, encargó a su hijo Eros que le inflamase el amor por el más horrendo de los monstruos. Nadie se atrevió a pedir la mano de la doncella y ante este hecho sus padres decidieron consultar al oráculo. El oráculo profetizó que su destino era llevarla a lo alto de un monte donde la desposaría un ser ante el que temblaría el mismo Júpiter. Fue así que Psique se vio trasladada a un fastuoso palacio donde pasaría sus días como esposa de un marido que le visitaba sólo por las noches y al que no podía ver. El marido le pidió que guardase este secreto y le advirtió sobre sus hermanas, que buscarían el fin de su amor. Precisamente las hermanas de Psique acudieron a visitarla cuando esta quedó encinta y lograron infundir el temor en Psique que su marido fuera un horrible monstruo. Le aconsejaron que, cuando su marido durmiera, encendiera una lámpara y le descubriera. Así lo hizo y a quien descubrió fue al mismísimo Eros, quien había quedado enamorado de Psique cuando su madre le mandó cumplir el encargo, de ahí que no pudiera descubrirle. Una gota de aceite le despertó y los amantes, roto el secreto, se separaron.


La historia prosigue pero vamos a detenernos aquí. Los destinatarios de las cartas son vecinos que, como Eros y Psique, duermen al lado todas las noches sin saber muy bien quiénes son. La acción sería el consejo de las hermanas que incitan a que el receptor de la carta se ponga en contacto con el emisor pudiendo descubrir que en verdad, con quien duermen es un horrendo monstruo, o acaso un Dios. Esto era lo verdaderamente interesante de la acción, que un vecino se pusiera en contacto con otro vecino y ambos descubrieran que habían recibido una carta, quizá se reunieran todos los vecinos y completasen el relato… restaba por encontrar el lugar en el que se desarrollaría la acción y este fue el barrio de Lavapiés. ¿Por qué Lavapies? Porque en Lavapies había encontrado una “R”.

Recuerden que yo quería dibujar, pues bien, los puntos donde se entregarían las cartas se unirían mediante líneas y esas líneas y esos puntos serían, al cabo, una palabra: Eros.


Eros que, en griego, significa amor. Y hablando de esto, gracias a Julia por su participación en esta acción, sin la cual, es seguro, no se hubiera llevado a cabo.

Exordio

A guiso de exordio redacto esta entrada para avisar al lector despistado; y es que en verdad es un incordio no dar información detallada sobre los contenidos de este o cualquier tratado. Verdad mediante, no surgió por iniciativa propia la apertura de este apartado, sino más bien como parte de cierta asignatura de la facultad de Bellas artes impartida por Raúl Díaz Obregón Cruzado. Servidor se proclama autor de otras interfaces, las unas eruditas como La laguna de Estigia, las otras más llanas como el blog de los Jokers, y recomienda siempre su visita y comentario pues por igual son todas de entretenidas y sagaces. Nada más, salvo una pequeña reflexión sobre el arte en su difícil relación con la vida de la mano de Rafael García Serrano

«Un tipo va por el mundo, se tropieza en un puente y se pone a escribir versitos geniales. Yo le aseguro que ese tío es un guarro, porque en vez de contar tantas sílabas y de consultar el diccionario de la rima, lo que debe hacer es trabajarse a la señora, o casarse con ella, que tampoco está mal».
[Plaza del Castillo].