11 de octubre de 2010
8 de octubre de 2010
El origen de las discusiones
La carta
Ya no se escriben cartas. Bueno… cierto es que se escriben, las escriben otros y de distinta forma. A lo que quiero referirme es que antes se estudiaban toda suerte de fórmulas corteses y protocolarias que le ahorraban a uno gastos elocuentes tan desafortunados como el que me ocupa. Pensaba en todo esto porque primero he pensado mucho en cómo empezar esta carta y también he pensado otro tanto en si hacerlo o no. Finalmente me he decidido por escribir, por hacerlo de este modo y, si este texto llega hasta ti, huelga decir que también lo habré enviado lo cual todo tilda de evidentísimo y poco fascinante. La historia de esta carta es, a parte del prólogo, laboriosa porque la he escrito cien veces cuanto menos y la he destruido otras tantas. Esa historia a la que no tengo intención de hacer más referencia guarda un sinnúmero de borradores que algún día editaré en un grueso tomo y me harán famoso por la cantidad de sandeces que puedo llegar a decir.
Acabado el embarazoso proceso de empezar a entablar correspondencia, me siento realmente extenuado hasta tal punto que he olvidado lo que quería decirte, que era lo verdaderamente importante de todo el asunto. De cualquier forma acabo de recordar que me dejé olvidado en tu casa un jersey gris de cuello alto. Espero poder aclararte en otra misiva el asunto que me movía a escribirte antes de que me enredara en los placeres que encierran las formas. Así, puedes tirar esta carta pues, recapacitando, me doy cuenta de que sólo es digno de recuerdo lo del jersey, lo cual es bien triste, dicho sea de paso.
Espero que estés bien.
Atentamente y todo lo demás
Microbios
Éste fue el ganador:
El artista
—Lo sentimos, Adolf, pero no tienes bastante talento.
Otros que me han gustado:
Cuento de terror
Cuando quisimos darnos cuenta, éramos todos funcionarios.
Preámbulo de las Bermudas
Perdidos en triangulaciones, nunca zarpamos.
Los relatos son autoría de Alejandro Vicente, Oscar Sipán y Eduardo Rezzano, respectivamente.
Por si a alguien le puede interesar, el premio único son doscientos euros lo cual, a una media de diez palabras por relato, sale la palabra a veinte euros. No creo que ni siquiera el nuevo premio Nóbel Mario Vargas Llosa escriba tan caro.
5 de octubre de 2010
Hablando por teléfono 1 conversación mantenida a las 23:09:03 del día cuatro de octubre de dos mil diez
He estado escuchando música, mi música, verán, es algo que suelo hacer pero no en actitud onanista, como verán, sino más bien todo lo contrario. Después de casi dos horas ininterrumpidas de escucha de mi más selecto repertorio me he dicho: La hostia, pues además de sonar como el puto culo soy bastante malo.
A partir de ahora no voy a volver a escucharme, es más, voy a tocar con tapones en los oídos. Arrancárselos parece un poco sádico ya de entrada. Y se me ocurre también que no tocar sería demasiado poco perverso mientras que romper el instrumento al final viene a ser un acto de garrulería supina. ¿Para qué lo vas a romper pudiendo maltratarlo de mil maneras distintas tanto o más placenteras?
Y nada, poco más, ¡ah sí! no os lo he dicho, me han admitido en un curso de informática de gestión a pesar de haber tardado más de diez minutos en contestar una pregunta sobre el origen de las cuentas de Activo
a) ¿Se abonan por el debe y se cargan por el haber?
b) ¿Se abonan por el haber y se cargan por el debe?
c) ¿Se abonan con un compuesto orgánico y se cargan con un peso?
¿Qué es saldar una cuenta? ¿Cuántos grupos de cuentas hay? Todas estas cosas me llaman la atención sobremanera y me producen tal subidón de adrenalina que es para mí como una adicción incontenible. Para los no muy duchos en la materia deciros nada más que la opción c es para despistar y que hay que reflexionar en las dos opciones anteriores. Con ésto ya hay un cincuenta por ciento de opciones de acertar pero no es seguro que la pregunta esté formulada correctamente en el lenguaje contable pues cargar y abonar a los términos debe y haber sólo corresponden de una manera acertada y no me acuerdo exactamente de cuál era. El curso servirá para refrescarme ésta y otras cuestiones casi igual de divertidas.
Bueno, a lo que iba, que se me hace tarde y tengo que comer algo. Lo que subo ahora es uno de los pocos dibujos que hago ya, un dibujo realizado mientras hablaba por teléfono sin prestar a la acción de dibujar ninguna atención. A partir de ahora será difícil ejecutar trazos de esta forma puesto que me veo envuelto en un ejercicio posterior de análisis y consciencia que me impedirá liberarme acaso en un futuro de la forma en que lo hice.
Revela el verdadero estado interior de mi psique lo cual me hizo pensar que éso y no precisamente otra cosa, el estado de la cosa esa que he dicho, era lo más importante y no el título. A tenor del título, me decidí por Hablando por teléfono 1 conversación mantenida a las 23:09:03 del día cuatro de octubre de dos mil diez.Antes me parecía que dibujar era estar vivo, ahora pienso que es cierto aquello siempre y cuando se entienda que vivir es una cosa que no solemos hacer aunque estemos vivos. La conversación fue mucho más interesante que el acto artístico que os presento pero eso ya es hablar demasiado de mi vida y aunque los blogs puedan estar para eso en un momento dado creo que es mejor que me pague bien una televisión cuando quiera hacerlo.
Por si a alguien se le ocurre comentar, cosa que desde luego no suele hacerse en este espacio -muy a mi pesar- quiero ya adelantarme y deciros que este dibujo es una auténtica obra de arte y todo aquel que lo ponga en duda es un retrógrado impertinente, molesto y acomplejado que va de foro en foro y de blog en blog arrastrando sus miserias, de las cuales ni siquiera puede desprenderse cuando está refugiado detrás de una pantalla y escribiendo una media de cincuenta faltas de ortografía por segundo. Sí, lo he escrito bien
Su vida no es nada sin este blog
P.D: Y no se os ocurra venir ahora con lo de sí hombre, mi abuela fuma en pipa y qué bonita es la primavera.
29 de septiembre de 2010
La novela que siempre quise escribir III
La felicitación del Presidente no se hizo esperar. John pidió perdón a su amigo de la infancia por haber dudado de él mas, cuando estrechó su mano, descubrió que el Presidente portaba con gracia un anillo de la difunta Gloria (que no había muerto, pero eso ya es parte de la segunda novela). Sin pensárselo dos veces (con una bastaba y sobraba) John asesinó al presidente y fue encarcelado con lo que, ya en prisión, John descubrió que había padecido una grave esquizofrenia paranoica y que tanto su ex-mujer como el Presidente habían sido buenas personas.
(Fin de la entrega).
28 de septiembre de 2010
24 de septiembre de 2010
La novela que siempre quise escribir II
Y aquí tenemos la continuación de aquel magnífico relato protagonizado por John.
Ambos lograron no sin apuro entrar en la acordonada escena del crimen (el apartamento del motel-burdel en donde el Presidente…) y no sin dificultad dar con los planes de Gobierno que se escondían celosamente en el cajón de una mesilla de noche (buen sitio para guardar documentos). Gloria, linterna en mano, examinó a conciencia los documentos y los juzgó de altísimo secreto de Estado, inmorales, ilícitos, antidemocráticos, y escandalosos en general. John, caprichos del sino, que además de pardillo fuera -a todo esto que pequeño es el mundo-, íntimo amigo del señor Presidente, se debatió en el conflicto entre creer a un político o a su ex-mujer. Difícil tesitura que solventó confiando en la segunda, craso error, como a continuación se verá.
Con el tiempo y unas cuantas averiguaciones John descubrió que durante su matrimonio Gloria ésta le había sido infiel amén de que pertenecía al Servicio Secreto de la
NIIOMTPLABOPARMBETZHELBETRABSBOMONIMONKONOTDTEKHSTROMONT justo en el momento en el que ésta le iba a apuñalar por la espalda con no muy buenas intenciones. Gracias a que el maestro de kárate de John le había enseñado a la edad de cinco años cómo desviar un ataque sorpresa, el informático pudo atrapar el puñal, encajar un puño en su ex-mujer y paladear una ensaimada al mismo tiempo y a ritmo de tango. Sin embargo no pudo evitar que Gloria se precipitase, del impulso, por una de las ventanas del décimo piso y que cayese justo encima de su recién estrenado Ford del sesenta y tantos.
(Continuará...)
18 de septiembre de 2010
La isla ciudad
11 de septiembre de 2010
La novela que siempre quise escribir I
Después de que John McCoist, el acaudalado informático neoyorquino, descubriera que su incursión en los archivos del Servicio Secreto de la
NIIOMTPLABOPARMBETZHELBETRABSBOMONIMONKONOTDTEKHSTROMONT (y la consecuente averiguación de que el mismísimo Presidente, a través de terceros, había sido el autor de un presunto crimen pasional) podría ser nociva para su salud [a ello ayudó tres tiroteos y cuarto además de una intentona de envenenamiento por parte de una despampanante y rubia agente del FBI], decidió hacer una visita a su ex-mujer, Gloria, ex-investigadora a fin de encontrar ayuda para deshacer el nudo gordiano de la trama, que, dicho sea de paso, no era pelo de gorrino aunque era de sospechar desde la primera página de la novela, mejor dicho, desde el prólogo (la primera página era una página de cortesía). Ex-Gloria, era de verse, no se mostró entusiasta con demasía ante la reaparición de John, quien tras haber notado, no sin tardanza, la colocación de una bomba lapa (nitroglicerina y amonal) en su Cadillac del setenta y tantos llegaba algo traspuesto, comprensiblemente. John desajustó la bomba del coche, trató de desactivarla y al final, claro, le explotó en las narices. Colocaría el parabrisas del Cadillac en una vitrina de su estancia como recuerdo.
Una vez cumplido con el protocolo [asombro de Gloria y abofeteo prolongado de la calcinada faz de John] y haber rememorado los tiempos pretéritos antecedentes, John y Gloria, Gloria y John, acabaron felizmente en la cama (los dos en la misma y durante cerca de un centenar de páginas). Allí Gloria se puso al corriente del meollo, rompió un jarrón (sin flores) en la cabeza de John para después admitir que había obrado vulgarmente y manifestar que, aún estando plenamente convencida de perecer en el intento, ayudaría a su ex-marido. Para dar fe de su seguridad se comprometió a casarse con John de nuevo en el caso de que saliera ilesa del periplo.
(Continuará...)10 de septiembre de 2010
Quiero quedar contigo
María le restó importancia. Imaginó que se trataría de una broma de mal gusto.


