8 de octubre de 2010

El origen de las discusiones

Hoy me gustaría inaugurar una sección que podríamos titular Terapia de pareja, Las 100 claves de amar, Hacer y ser feliz en diez cómodos pasos… pero, sinceramente, no creo que vaya a escribir más sobre el tema a pesar de poder aparentar tener amplios conocimientos sobre él. Bien, al lío:

¿Quién no se ha preguntado alguna vez cuál es el origen de sus discusiones en pareja? ¿Cuántas veces ha vuelto sobre el pasado tratando de encontrar justificación a su conducta o a la del ser con quien comparte su vida? Creo que tras una minuciosa investigación puedo contestar brevemente a su pregunta, ahorrándole un montón de esfuerzos en vano, mejorando su convivencia, aumentando su confianza y asegurándole bienestar.

Científicos de prestigiosas universidades han estado trabajando con diferentes parejas a las cuales se ha sometido a distintas dietas alimenticias. Unas de esas dietas han estado bajo supervisión de un experto en nutrición mientras que otras han seguido los estándares de nuestra dieta común. Nuestra dieta occidental cuenta con un exceso graso y proteico lo cual lleva a generar una actividad cerebral excedente dado nuestro sedentarismo. Esta actividad, según parece, mucho tiempo almacenada, entra en el proceso que los científicos han llamado sobrecarga nerviosa o síndrome de la susceptibilidad. Cualquier nimio motivo puede convertirse entonces en una acalorada discusión. Fueron pues, más frecuentes las discusiones del grupo mal alimentado que las del alimentado según la vigilancia de expertos en dietética. Este estudio revela que además los científicos que siguieron el proceso, si estaban mal alimentados, tendían a intervenir en las discusiones poniéndose del lado de las personas de su mismo sexo.

Yo no sé si esta investigación se ha llegado a efectuar pero tal y como está el mundo de las investigaciones no me extrañaría nada. Quizás pues, todo lo expuesto aquí no tenga nada que ver con el origen de las discusiones pero una cosa es segura: el origen de las discusiones en pareja siempre es tanto o más absurdo que el que acabo de exponer.

No tiene mucho sentido preocuparse por cosas que no tienen ningún sentido.

La carta

Ya no se escriben cartas. Bueno… cierto es que se escriben, las escriben otros y de distinta forma. A lo que quiero referirme es que antes se estudiaban toda suerte de fórmulas corteses y protocolarias que le ahorraban a uno gastos elocuentes tan desafortunados como el que me ocupa. Pensaba en todo esto porque primero he pensado mucho en cómo empezar esta carta y también he pensado otro tanto en si hacerlo o no. Finalmente me he decidido por escribir, por hacerlo de este modo y, si este texto llega hasta ti, huelga decir que también lo habré enviado lo cual todo tilda de evidentísimo y poco fascinante. La historia de esta carta es, a parte del prólogo, laboriosa porque la he escrito cien veces cuanto menos y la he destruido otras tantas. Esa historia a la que no tengo intención de hacer más referencia guarda un sinnúmero de borradores que algún día editaré en un grueso tomo y me harán famoso por la cantidad de sandeces que puedo llegar a decir.

Acabado el embarazoso proceso de empezar a entablar correspondencia, me siento realmente extenuado hasta tal punto que he olvidado lo que quería decirte, que era lo verdaderamente importante de todo el asunto. De cualquier forma acabo de recordar que me dejé olvidado en tu casa un jersey gris de cuello alto. Espero poder aclararte en otra misiva el asunto que me movía a escribirte antes de que me enredara en los placeres que encierran las formas. Así, puedes tirar esta carta pues, recapacitando, me doy cuenta de que sólo es digno de recuerdo lo del jersey, lo cual es bien triste, dicho sea de paso.

Espero que estés bien.
Atentamente y todo lo demás


Microbios

El Taller de escritores de Barcelona convoca un nuevo premio de nanorelatos. Entre sus bases consta que las obras presentadas deben de estar formadas entre 1 y 10 palabras. Mientras me decido a participar he encontrado algunos de los relatos presentados en la pasada edición del concurso. Son realmente buenos, no cabe duda.

Éste fue el ganador:

El artista

—Lo sentimos, Adolf, pero no tienes bastante talento.


Otros que me han gustado:

Cuento de terror

Cuando quisimos darnos cuenta, éramos todos funcionarios.


Preámbulo de las Bermudas

Perdidos en triangulaciones, nunca zarpamos.

Los relatos son autoría de Alejandro Vicente, Oscar Sipán y Eduardo Rezzano, respectivamente.

Por si a alguien le puede interesar, el premio único son doscientos euros lo cual, a una media de diez palabras por relato, sale la palabra a veinte euros. No creo que ni siquiera el nuevo premio Nóbel Mario Vargas Llosa escriba tan caro.

5 de octubre de 2010

Hablando por teléfono 1 conversación mantenida a las 23:09:03 del día cuatro de octubre de dos mil diez

Bueno, iba a inaugurar una flamante etiqueta nueva para, de ahora en adelante, ir colgando varios trabajos que reunen las características del que me ocupa pero he decidido finalmente, si la tecnología y el Dios Firefox me lo permite, publicar una entrada única para agruparla bajo el epígrafe "miscelanea", que como ya saben pueden seguir disfrutando desde este entrañable blog lleno de comentarios míos y detalles más que reveladores sobre la evolución de la especie humana a partir del simio.

He estado escuchando música, mi música, verán, es algo que suelo hacer pero no en actitud onanista, como verán, sino más bien todo lo contrario. Después de casi dos horas ininterrumpidas de escucha de mi más selecto repertorio me he dicho: La hostia, pues además de sonar como el puto culo soy bastante malo.
A partir de ahora no voy a volver a escucharme, es más, voy a tocar con tapones en los oídos. Arrancárselos parece un poco sádico ya de entrada. Y se me ocurre también que no tocar sería demasiado poco perverso mientras que romper el instrumento al final viene a ser un acto de garrulería supina. ¿Para qué lo vas a romper pudiendo maltratarlo de mil maneras distintas tanto o más placenteras?

Y nada, poco más, ¡ah sí! no os lo he dicho, me han admitido en un curso de informática de gestión a pesar de haber tardado más de diez minutos en contestar una pregunta sobre el origen de las cuentas de Activo

a) ¿Se abonan por el debe y se cargan por el haber?
b) ¿Se abonan por el haber y se cargan por el debe?
c) ¿Se abonan con un compuesto orgánico y se cargan con un peso?

¿Qué es saldar una cuenta? ¿Cuántos grupos de cuentas hay? Todas estas cosas me llaman la atención sobremanera y me producen tal subidón de adrenalina que es para mí como una adicción incontenible. Para los no muy duchos en la materia deciros nada más que la opción c es para despistar y que hay que reflexionar en las dos opciones anteriores. Con ésto ya hay un cincuenta por ciento de opciones de acertar pero no es seguro que la pregunta esté formulada correctamente en el lenguaje contable pues cargar y abonar a los términos debe y haber sólo corresponden de una manera acertada y no me acuerdo exactamente de cuál era. El curso servirá para refrescarme ésta y otras cuestiones casi igual de divertidas.

Bueno, a lo que iba, que se me hace tarde y tengo que comer algo. Lo que subo ahora es uno de los pocos dibujos que hago ya, un dibujo realizado mientras hablaba por teléfono sin prestar a la acción de dibujar ninguna atención. A partir de ahora será difícil ejecutar trazos de esta forma puesto que me veo envuelto en un ejercicio posterior de análisis y consciencia que me impedirá liberarme acaso en un futuro de la forma en que lo hice.
Revela el verdadero estado interior de mi psique lo cual me hizo pensar que éso y no precisamente otra cosa, el estado de la cosa esa que he dicho, era lo más importante y no el título. A tenor del título, me decidí por Hablando por teléfono 1 conversación mantenida a las 23:09:03 del día cuatro de octubre de dos mil diez.

Antes me parecía que dibujar era estar vivo, ahora pienso que es cierto aquello siempre y cuando se entienda que vivir es una cosa que no solemos hacer aunque estemos vivos. La conversación fue mucho más interesante que el acto artístico que os presento pero eso ya es hablar demasiado de mi vida y aunque los blogs puedan estar para eso en un momento dado creo que es mejor que me pague bien una televisión cuando quiera hacerlo.

Por si a alguien se le ocurre comentar, cosa que desde luego no suele hacerse en este espacio -muy a mi pesar- quiero ya adelantarme y deciros que este dibujo es una auténtica obra de arte y todo aquel que lo ponga en duda es un retrógrado impertinente, molesto y acomplejado que va de foro en foro y de blog en blog arrastrando sus miserias, de las cuales ni siquiera puede desprenderse cuando está refugiado detrás de una pantalla y escribiendo una media de cincuenta faltas de ortografía por segundo. Sí, lo he escrito bien

HORTOGRAFIA

La palabra está emparentada directamente con las huertas y los hortógonos, estos últimos, unos habitantes de la galaxia de Andrómeda de donde se dice que sus flores son de sal. Así que antes de comentar piénselo dos veces y recuerde:

Su vida no es nada sin este blog

P.D: Y no se os ocurra venir ahora con lo de sí hombre, mi abuela fuma en pipa y qué bonita es la primavera.

29 de septiembre de 2010

La novela que siempre quise escribir III

Segunda parte. Lloró John y juró venganza, de modo que desmanteló la sede del Servicio Secreto del Laboratorio para operaciones de encofrado, estructuras, hormigón y hormigón (armado) para construcciones monolíticas del Departamento de Tecnología de la Construcción-operaciones de montaje del Instituto de Investigaciones de la Organización para la mecanización de la construcción y asistencia técnica de la Academia de Construcción y arquitectura de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que había lavado el cerebro a Gloria y se retiró a su ostentoso bungaló en el bosque.

La felicitación del Presidente no se hizo esperar. John pidió perdón a su amigo de la infancia por haber dudado de él mas, cuando estrechó su mano, descubrió que el Presidente portaba con gracia un anillo de la difunta Gloria (que no había muerto, pero eso ya es parte de la segunda novela). Sin pensárselo dos veces (con una bastaba y sobraba) John asesinó al presidente y fue encarcelado con lo que, ya en prisión, John descubrió que había padecido una grave esquizofrenia paranoica y que tanto su ex-mujer como el Presidente habían sido buenas personas.

(Fin de la entrega).

24 de septiembre de 2010

La novela que siempre quise escribir II

Y aquí tenemos la continuación de aquel magnífico relato protagonizado por John.

Ambos lograron no sin apuro entrar en la acordonada escena del crimen (el apartamento del motel-burdel en donde el Presidente…) y no sin dificultad dar con los planes de Gobierno que se escondían celosamente en el cajón de una mesilla de noche (buen sitio para guardar documentos). Gloria, linterna en mano, examinó a conciencia los documentos y los juzgó de altísimo secreto de Estado, inmorales, ilícitos, antidemocráticos, y escandalosos en general. John, caprichos del sino, que además de pardillo fuera -a todo esto que pequeño es el mundo-, íntimo amigo del señor Presidente, se debatió en el conflicto entre creer a un político o a su ex-mujer. Difícil tesitura que solventó confiando en la segunda, craso error, como a continuación se verá.

Con el tiempo y unas cuantas averiguaciones John descubrió que durante su matrimonio Gloria ésta le había sido infiel amén de que pertenecía al Servicio Secreto de la

NIIOMTPLABOPARMBETZHELBETRABSBOMONIMONKONOTDTEKHSTROMONT justo en el momento en el que ésta le iba a apuñalar por la espalda con no muy buenas intenciones. Gracias a que el maestro de kárate de John le había enseñado a la edad de cinco años cómo desviar un ataque sorpresa, el informático pudo atrapar el puñal, encajar un puño en su ex-mujer y paladear una ensaimada al mismo tiempo y a ritmo de tango. Sin embargo no pudo evitar que Gloria se precipitase, del impulso, por una de las ventanas del décimo piso y que cayese justo encima de su recién estrenado Ford del sesenta y tantos.

(Continuará...)

18 de septiembre de 2010



La isla ciudad

Todos los años suelo prodigarme en algún comentario sobre ese extraño fenómeno conocido como La noche en blanco. Este año no lo he hecho a su debido tiempo principalmente, por que la mía fue una verdadera noche en blanco y no tuve a bien tener nada que ver con lo que pasó en Madrid aquella noche.
Pues bien, anoche, cuando ya creía que había escapado de la fiebre cultural que tuvo lugar aquel día, visité de casualidad el barrio de La latina y nos encontramos con lo que han llamado un grupo de arquitectos La isla ciudad. La isla ciudad viene a ser un solar remozado que alberga una obra de sitio específico. La arquitectura efímera se presenta como lugar común de reciprocidad e intercambio y la realidad social pasa a protagonizar los contenidos e intenciones de esta obra. Es un espacio para que el ciudadano abandone un poco los usos normativos de la ciudad, se divierta, se culturice y haga un poco de sociedad, si le place. 
A pesar de tratarse de una cosa efímera, como digo, el proyecto se ha mantenido vigente pasada La noche en blanco, cosa que he de reconocer que me agrada bastante porque los actos culturales deberían de prolongarse todo lo posible y, en suma, creo que debería de haber más. Quizá así, de paso, evitaríamos la masificación de La noche en blanco. En este espacio se han realizado talleres, juegos infantiles, música, cine… me gusta el concepto de los arquitectos de generar otros mundos posibles. La verdad es que el rato que estuve no pude ver ninguna actividad, todo lo más, lo que vi fue un montón de gente consumiendo en un chiringuito que estaba en el solar estratégicamente situado. Este otro mundo estaba construido a base de tablas de madera de aspecto desordenado alrededor de una piscina artificial, recuerdo también que había unos baños y varias zonas de esparcimiento. Traigo algunas fotos pero son algo malas.
La propuesta, conceptualmente, me pareció bastante bien trabada y no pude evitar sentirme identificado en algunos puntos con los autores del proyecto. No obstante quiero señalar algunos puntos en contra, que no quiero que desmerezcan la obra sino que inviten al lector a reflexionar. Siempre es sano ir contra corriente y opinar de forma crítica, teniéndolo en cuenta más como ejercicio intelectual que como afán de polemizar.
Punto 1: El parque temático. La semejanza de La isla ciudad con un parque temático a veces puede parecer evidente, haciéndonos olvidar que en vez de encontrarnos ante un hecho artístico nos encontramos ante un fenómeno lúdico. El fomento del consumo dentro del parque (chiringuito) y el patrocinio de la cerveza Mahou no hace sino aumentar este paralelismo.
Punto 2: Intervención. Siempre he defendido que el espectador exceda sus funciones tradicionales y me gustó pensar, viendo La isla ciudad, que acaso los espectadores pudiéramos haber interactuado mejor con la arquitectura. Ciertas asociaciones llevan a la práctica este concepto mucho mejor que La isla ciudad. Dichas asociaciones suelen hacerse cargo de un solar, un edificio, una casa abandonada… y entre una comunidad sin distinción jerárquica reconstruyen ese espacio para dominio público y sin ánimo de lucro, valiéndose de medios con un alto grado de improvisación. Al fin, La isla ciudad no podía evitar parecerse, en cierta manera, a un kit de Ikea. Fácil, desmontable, etc.
Punto 3: El artista-mediador. Coincido plenamente con la idea de que el arte puede ayudar a mejorar la vida de la gente, pero cuando el artista juega el rol de demiurgo de la paz y del buen rollo no puedo evitar cierto matiz de desconfianza. Creo, como he dicho, que el arte es hasta imprescindible dentro de la vida misma, pero siempre el arte no deja de ser una cosa inútil y hasta cierto punto frívola. Una cosa completamente inútil y deseable por sí misma, no se puede pedir más. Si nuestra meta como artistas es únicamente mejorar, en cierto sentido, la vida del ciudadano, al final siempre va a resultar más práctico y efectivo actuar desde otro plano. El arte puede ser una obra social, pero en ningún caso puede convertirse en una obra social tan imprescindible como la ayuda que reciben grupos de verdaderos desfavorecidos sin la cual, posiblemente, vivir sería una misión imposible. 

11 de septiembre de 2010

La novela que siempre quise escribir I

Éste microrrelato de hoy, un poco ya mayorcito en cuanto a extensión, es también mayor de edad porque cumple nueve años, tiempo más que suficiente para que el que lo escribió se diera cuenta de que no hay cosa peor que alguien que no sirve para algo y sin embargo pone todos sus esfuerzos en servir para ese algo. Pertenece a un librillo la mar de interesante y divertido titulado El salvador del país de las musarañas. A ver qué os parece.

Después de que John McCoist, el acaudalado informático neoyorquino, descubriera que su incursión en los archivos del Servicio Secreto de la

NIIOMTPLABOPARMBETZHELBETRABSBOMONIMONKONOTDTEKHSTROMONT (y la consecuente averiguación de que el mismísimo Presidente, a través de terceros, había sido el autor de un presunto crimen pasional) podría ser nociva para su salud [a ello ayudó tres tiroteos y cuarto además de una intentona de envenenamiento por parte de una despampanante y rubia agente del FBI], decidió hacer una visita a su ex-mujer, Gloria, ex-investigadora a fin de encontrar ayuda para deshacer el nudo gordiano de la trama, que, dicho sea de paso, no era pelo de gorrino aunque era de sospechar desde la primera página de la novela, mejor dicho, desde el prólogo (la primera página era una página de cortesía). Ex-Gloria, era de verse, no se mostró entusiasta con demasía ante la reaparición de John, quien tras haber notado, no sin tardanza, la colocación de una bomba lapa (nitroglicerina y amonal) en su Cadillac del setenta y tantos llegaba algo traspuesto, comprensiblemente. John desajustó la bomba del coche, trató de desactivarla y al final, claro, le explotó en las narices. Colocaría el parabrisas del Cadillac en una vitrina de su estancia como recuerdo.

Una vez cumplido con el protocolo [asombro de Gloria y abofeteo prolongado de la calcinada faz de John] y haber rememorado los tiempos pretéritos antecedentes, John y Gloria, Gloria y John, acabaron felizmente en la cama (los dos en la misma y durante cerca de un centenar de páginas). Allí Gloria se puso al corriente del meollo, rompió un jarrón (sin flores) en la cabeza de John para después admitir que había obrado vulgarmente y manifestar que, aún estando plenamente convencida de perecer en el intento, ayudaría a su ex-marido. Para dar fe de su seguridad se comprometió a casarse con John de nuevo en el caso de que saliera ilesa del periplo.

(Continuará...)

10 de septiembre de 2010

Quiero quedar contigo



Notas de jazz acompañaban a María mientras limpiaba la barra del bar que regentaba. Anteriormente se había ocupado en colocar los taburetes en una ordenada fila, vaciando copas y ceniceros, repasando mentalmente qué había de comprar mañana…

Enrique la rodeó con sus brazos, sorpresivamente, y le dio un beso en la mejilla. María encontró descanso en el abrazo de Enrique pero no pudo evitar el cansancio, la insatisfacción y cierta tristeza que se había instalado en su ánimo con propósito de permanecer allí una larga temporada. ¿Hacía lo correcto? ¿Era aquel bar lo que deseaba en su vida? Mientras Enrique descendía al sótano descubrió el sonido de una trompeta y esta trompeta fue el cicerone de un acceso a un extraño mundo. Una luna en medio del claro de una selva palpitante e inexplorada. Detuvo sus labores nuestra protagonista cuando el sonido del instrumento se extinguió, dando un profundo respiro. Desde el sótano llegó un golpe sordo; algo había caído de algún estante, una puerta se había cerrado de golpe… Enrique era un hombre fuerte pero quizás cargaba a menudo con demasiado peso. Llegaría el día en el que no podrían mantener aquel local, llegaría el día en el que no podrían desempeñar aquella condenada rutina. Aquel escenario sólo era la antesala de un futuro poco prometedor.

Mientras reflexionaba sobre todo esto advirtió que algún cliente debía haber olvidado un objeto. Descansaba en una silla. María lo examinó. Se trataba de un muñeco, una especie de marioneta. Era raro porque no recordaba que algún niño hubiera entrado al bar ese día. Quizá se trataba de un regalo pero el muñeco parecía sucio y viejo. Mientras repasaba mentalmente todas las personas que había visto, de súbito su celular empezó a repiquetear y María abandonó descuidadamente el muñeco.
Era ya tarde, la gente dormía… pero bien pudiera tratarse de algún amigo suyo -solían pasarse por el bar- que hubiera olvidado algo… quizá la misteriosa marioneta fuera, al fin, la clave. De cualquier forma María decidió no descolgar el teléfono. Cuando éste enmudeció, sintió un profundo alivio. Nada más terminó de limpiar la barra, se dispuso a llenar de agua el cubo de la fregona. El jazz se detuvo y nuestra protagonista se concentró en el sonido del grifo. El agua caliente despedía vapor. Mientras fregaba, se sintió observada y en un acto reflejo dirigió la vista a través de las empañadas ventanas del local. La calle permanecía muda, oscura y solitaria. Era aquella marioneta la que había permanecido vigilándola hasta que María la retiró de la mesa donde había quedado postrada, inerte, recogiéndola en una caja.

¿No estaba Enrique tardando demasiado en subir? María se asomó a la puerta del sótano y vio luz al fondo de la escalera. Llamó a su novio, pero no obtuvo respuesta alguna.

Era posible que Enrique no le oyera pues las paredes del sótano eran bastante gruesas. Consideró descender las escaleras en su busca pero había bastante por hacer y no quería demorarse más de lo que ya lo había hecho.

La música reanudaba su programa. María quitó el disco antes que una cantante negra dibujase brillantes escalas. Aquella canción delataba su presencia, acentuando su soledad. Los músicos tocaban para nadie, el local se asimilaba entonces al comedor de un barco hundido, con todas las mesas servidas, con todas las luces encendidas, pero sin nadie en él e inundado de agua. María revisó los grifos y los cajones, incluso la caja donde había guardado la marioneta pero el juguete ya no se encontraba allí. Quizás no lo guardó en aquella caja o quizás sí, pero con posterioridad lo había cambiado de sitio. Se imaginó a la marioneta mirándola desde el rincón menos iluminado y más insospechado.

Nerviosa, consultó la hora en el teléfono móvil. Definitivamente Enrique estaba demorándose más de lo habitual. Alguien, entretanto, había dejado un mensaje de texto en su buzón, posiblemente ahora sabría el motivo de la llamada anterior.

¿De qué tienes miedo?

María le restó importancia. Imaginó que se trataría de una broma de mal gusto.
Maldito Enrique, ¿por qué tardas tanto?

Volvió al pie de la escalera del sótano. Ya no había luz allí abajo. De nuevo María llamó a Enrique unas cuantas veces sin obtener respuesta. Iba a descender la escalera cuando el teléfono volvió a repiquetear. Se trataba de otro mensaje.

Baja si quieres ver a tu novio muerto en el sótano.

María sintió un nudo en la garganta. Todo aquello no podía ser real. De súbito cerró la puerta del sótano y tomó la resolución de escapar de allí. No importaba lo que estuviera ocurriendo. No quería descubrirlo, sólo despertar de aquel mal sueño en el resguardo de su hogar, con la clara luz del día. ¿Dónde estaba Enrique? ¿Quién le estaba enviando aquellos mensajes macabros? La puerta del bar se encontraba cerrada, había de encontrar las llaves si pretendía salir. Pero no sabía donde estaban. Quizás Enrique las tuviera pero ahora… ahora estaba muerto en el sótano. ¿Realmente era así? ¿Quién más podía estar allí abajo? Los acontecimientos empezaban a confundirse, el tiempo se contraía y se dilataba como un acordeón…

No intentes contactar con nadie, tranquilízate. No encontrarás las llaves y la puerta es demasiado resistente como para intentar tirarla abajo. Esto es lo que vamos a hacer: apaga las luces, siéntate en una mesa y espera a que las cosas sucedan.

Coge el teléfono la próxima vez que te llame.
  Sé buena, María, pórtate bien.

Viajes




Un poco de turismo

En Mallorca, concretamente en el municipio de Manacor, tuve el privilegio de ver de cerca un yacimiento prehistórico muy bien conservado. Las dos primeras fotos corresponden a las culturas naviformes que se asentaron en la isla alrededor del 1.400 a.c. Las siguientes, son obra de culturas talayóticas en asentamientos que posteriormente serían ocupados por romanos y musulmanes. Todavía se están realizando excavaciones y el acceso es libre lo cual está muy bien porque es un poco absurdo pagar por ver cuatro piedras.