24 de septiembre de 2010

La novela que siempre quise escribir II

Y aquí tenemos la continuación de aquel magnífico relato protagonizado por John.

Ambos lograron no sin apuro entrar en la acordonada escena del crimen (el apartamento del motel-burdel en donde el Presidente…) y no sin dificultad dar con los planes de Gobierno que se escondían celosamente en el cajón de una mesilla de noche (buen sitio para guardar documentos). Gloria, linterna en mano, examinó a conciencia los documentos y los juzgó de altísimo secreto de Estado, inmorales, ilícitos, antidemocráticos, y escandalosos en general. John, caprichos del sino, que además de pardillo fuera -a todo esto que pequeño es el mundo-, íntimo amigo del señor Presidente, se debatió en el conflicto entre creer a un político o a su ex-mujer. Difícil tesitura que solventó confiando en la segunda, craso error, como a continuación se verá.

Con el tiempo y unas cuantas averiguaciones John descubrió que durante su matrimonio Gloria ésta le había sido infiel amén de que pertenecía al Servicio Secreto de la

NIIOMTPLABOPARMBETZHELBETRABSBOMONIMONKONOTDTEKHSTROMONT justo en el momento en el que ésta le iba a apuñalar por la espalda con no muy buenas intenciones. Gracias a que el maestro de kárate de John le había enseñado a la edad de cinco años cómo desviar un ataque sorpresa, el informático pudo atrapar el puñal, encajar un puño en su ex-mujer y paladear una ensaimada al mismo tiempo y a ritmo de tango. Sin embargo no pudo evitar que Gloria se precipitase, del impulso, por una de las ventanas del décimo piso y que cayese justo encima de su recién estrenado Ford del sesenta y tantos.

(Continuará...)

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