11 de mayo de 2023

El anfiteatro

Daba un paseo por un centro comercial que tenía un funicular negro. El funicular conectaba distintas partes del centro y suponía que visitaba un acuario. Recuerdo que la gente que quisiera viajar con sus mascotas tenía que pagar uno o dos euros adicionales, cosa que tildé de ridícula. Dudaba que las mascotas disfrutaran del viaje y que, con el pago de aquella tasa, fueran equiparadas a sus dueños humanos. 

Relacionado con aquel centro comercial, visitaba una suerte de anfiteatro con una piscina (acuario) en el centro. Mi padre conducía hasta él y nos llevaba en coche, pero viajando así no podíamos bajar los escalones del anfiteatro. Temí por el estado de los amortiguadores. 

Hice, a pie, una visita por los escalones y allí encontré un montón de objetos como medallas, ukeleles, guitarras, flores... pensé inicialmente que eran tumbas, o memorandos de algún tipo, pero me tranquilizó saber que las gradas de aquel anfiteatro se podían alquilar con el fin de guardar enseres, como si fueran trasteros.

Curioseando enseres, descubrí una luz despedida desde una estantería oscura. Parecía algo valioso. Acabé desenvolviendo un casco de moto con linternas y lo que parecían cámaras de vídeo. Tendría su valor pero, al estar usado, quizá no valiera demasiado. Tampoco me parecía que podría serme útil ni lícito quedármelo. 

Empezó a llover y la piscina se llenó aún más de agua. Era bueno que lloviera pues aquella era época de sequía. Un hombre anciano estaba en la habitación de un hospital con paredes blancas, cerca del acuario. La habitación, de hecho, tenía vistas al cristal de la pecera, pero no parecía que la gente de allí las valorase. 

Había también, en el anfiteatro, apartamentos de estudiantes, y recorría angostos pasillos esquivando a sus moradores. Uno de ellos estaba preparando su cena. Había en el fuego una sartén en la que se estaba fundiendo queso mientras el estudiante salía de la ducha envuelto en la toalla. 

De vuelta al centro comercial, quería contar una historia a una amiga sobre una anécdota graciosa ocurrida en el anfiteatro, protagonizada por mi hermano, pero no la recordaba bien y pedí ayuda a mi novia para que la relatase en mi lugar. Después de todo, estaba comenzando a valorar que la anécdota a aquellas alturas tuviera gracia realmente. 

26 de abril de 2023

Nuestra lista de la reverb III

Creo que me he saltado alguna actualización desde la actualización anterior, hará cosa de cuatro años, más o menos. Lo digo porque recuerdo cambios en la lista, además de los últimos que he realizado hoy mismo, a altas horas de la madrugada.
De la lista anterior, solo conservo el Friday boogie (2019). El resto de temas me ha parecido conveniente retirarlos. Parece que el Friday ha envejecido bien a pesar de que no sea precisamente mi apuesta más personal. Actualmente la lista de boogies ha sobrepasado los 500 títulos, así que elegir el Friday boogie y el Tiramisú boogie ha sido muy, muy difícil. 

En vez de elegir un boogie que fuera single (En los dos últimos años: Euskal boogie, Liz boogie, Liebre boogie, Puppy boogie, Caldero boogie, Bibliobús boogie, Panoli boogie, Crayón, Bubble gum boogie, Unicornio boogie, Bojie boogie, Omelette boogie,, Swimming pool boogie, Coconut boogie, Dancin boogie...), nos ha parecido pertinente tirar por el Tiramisú y ofrecer un tema escondido en el arrecife, encontrado casualmente en una búsqueda no muy meticulosa. Presenta un buen balance de timbres además de equilibrio entre oficio y sorpresa. 
Quizás Tiramisú boogie (2022) no sobreviva en actualizaciones postreras de la lista, pero tiene que haber espacio para rarezas. Friday boogie quedaría como único testimonio de los boogies históricos de la orquesta.
 
Se ha incluido un tema de rabiosa actualidad, el Slow blues (2023) que, si las cosas siguen su curso, terminará como single de este año. Dentro del reguero de boogies, es un tema que ha sobresalido por características opuestas.
 
El resto de cortes es una mirada al pasado basándonos en apariciones en anuarios y otras publicaciones. Todos los temas han sido publicados después de la última actualización de la presente lista.
- En anuarios, esto es, singles: Perezoso blues (2020), Cookie blues (2020), Night blues (2021) y Uncle blues (2022). De ellos he hablado en La biblia. No se ha dicho, en cambio, que al Perezoso se le conoce informalmente como Flojeras blues, un tema muy del favor de Bliss cargado de buenos recuerdos. 
El Cookie blues no sería absolutamente nada sin los samplers de batería. En cuanto a los dos restantes temas, chirrían un poco, pero es lo que hay. Veremos si sobreviven, como el Tiramisú.
- En otras publicaciones: Pantocrator blues (2020) e Imperdible blues (2020). El primero no está sobreinstrumentado y presenta unas dinámicas bastante aceptables para aquel 2020. El segundo, con sus carencias y limitaciones, sigue sorprendiendo a día de hoy. 
No pretendo incurrir en exageraciones pero casi me sorprenden más estos temas de caras B que los dos temas chirriantes de los que he hablado, posteriores, oficiales y que tendrían que estar mejorados.
 
Finalmente Yellowstone blues (2022) es un tema que no ha aparecido en ninguna lista importante, ni A ni B, pero nos lo han pedido. 



16 de abril de 2023

El león

Me encontraba en Alcalá de Henares y realizábamos una excursión por un lugar de las inmediaciones. Desde un acantilado pudimos observar una gran playa. Me sorprendió que cerca de Alcalá hubiera playas tan grandes, y tomé una fotografía para mandársela a mi familia. Pensé que mi familia creería que había viajado hasta la costa y la costa se encontraba demasiado lejos de Madrid.

Constantemente trataba de convencerme de que aquello era un lago y no el mar, y que entonces debería atisbar, en el horizonte, la otra orilla. Por mi empeño terminó siendo así y, cuando me bañé, alcancé algunos islotes espigados y pedregosos. Algunos de estos islotes tenían cuevas y parecían habitados por pájaros grandes parecidos a cigüeñas. 

Llegué hasta una isla cuyo acceso era relativamente sencillo gracias a un puerto con tablas de madera. Allí me entretuve en revisar algunos edificios vacíos para instalar mi despacho. Muchas aulas del interior del edificio que examiné tenían sus ventanas selladas con papel, de modo que no podía ocuparlas. Algunas salas que no tenían papel me gustaron, pero no me decanté por ninguna, pues pensaba hacerlo una vez revisara todas. Buscaba un lugar tranquilo pero también bien comunicado, que contara además con un buen sitio para aparcar aunque, como aquella isla era pequeña, igual no necesitaba traer hasta allí el coche. 

Jugaba un partido de fútbol y la pelota se salía del campo. Iba a buscarla y vi que un amenazante león se acercaba hacia mí lentamente. Saqué la pelota de un canalón donde había caído y pensé en trepar a un árbol para así escapar del felino. 

En otro momento posterior del sueño lo único que recuerdo es una brújula. 

27 de marzo de 2023

Clara Chía

Veía un vídeo de los Beatles. Paul y John tocaban una canción visiblemente ebrios subidos en el respaldo de un sofá. Terminaban por perder el equilibrio y caer hacia atrás, quedando sus calzoncillos al descubierto.

Componía y grababa una canción con una nitidez tal que, al poco de despertarme, hubiera podido reconstruir con relativa facilidad. Empezaba con un arpegio grave en el piano y luego se sumaba un dúo de voces que se supone que eran mías, pero sonaban como si las hubiera grabado un amigo mío. En el momento en que entraban las voces, el arpegio de piano subía de octavas y no terminaba de empastar bien con el resto de sonidos. No obstante, la idea general del tema parecía buena.

Antes de todo eso, en algún momento del sueño que no consigo recordar bien, explicaba a alguien por qué Clara se llamaba Clara Chía. Era como si trataba de desvelar con aires trascendentales el significado de la canción que Shakira dedicó a esta mujer y a su antiguo compañero sentimental.

3 de marzo de 2023

El pelícano negro

Soñé que, a través de una ventana, veía un pelícano negro, bastante grande y bastante feo. Por momentos parecía un temible dinosaurio. Fui a por mi cámara de fotos para fotografiarlo y recuerdo que me costaba bastante enfocar al pájaro y obtener buenas composiciones. 

Ya no estaba en Alcalá de Henares, sino en un piso en Benidorm, y el pelícano no era negro, sino blanco. Trataba de que en las fotografías resaltara sobre un fondo no demasiado colorido. El pelícano llevaba a sus espaldas dos pequeñas crías.