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29 de enero de 2026

Las Flores de Pascua

1.    La Flor de Pascua:

La llamada Flor de Pascua es un arbusto originario de México que florece en invierno en el hemisferio norte. Mediante el uso de tecnología y cuidados especiales, los viveristas logran el característico color rojo de sus hojas, un símbolo prácticamente universal de la Navidad.

La Flor de Pascua es, digamos, muy popular. El hombre ha creado el algoritmo y el algoritmo determina que es deseable encauzar el tráfico de internet hacia objetos populares y demandados, tales como la llamada Flor de Pascua.
Así pues, si en Navidad un vídeo hace referencia a la Flor de Pascua, será preferente para el algoritmo. Así ha sido programado. El algoritmo decide: mejor un vídeo con Flores de Pascua en Navidad, mejor si la Flor de Pascua es roja; cuanto más roja mejor, mejor cuanto más visto y comentado es el vídeo.

Paco es un viverista que graba un vídeo con Flores de Pascua para promocionar su negocio. Ofrece un caudal de valiosos consejos e información determinante para la vasta comunidad de amantes de la Flor de Pascua. Sus vídeos son escasos, laboriosos y extensos, poco visionados; todo porque Paco cuida su contenido con pasión y pretende que la sabiduría que ha atesorado durante una vida llegue a su público de la mejor manera posible. No duda, por ejemplo, en invertir en una buena cámara para que sus Flores de Pascua luzcan bien rojas y agraden al algoritmo.

Mateo, de otro lado, es un influencer entusiasta de las Flores de Pascua. No las cultiva, ni siquiera las compra. Pide que la IA en unos segundos le grabe un vídeo sobre la materia. El vídeo tiene algunos consejos de Paco y otros consejos basados en los mismos consejos de Paco, pero generados y enriquecidos de manera aleatoria. Es imposible identificar a Paco como autor de esos consejos. 
Mateo es capaz de grabar cientos de vídeos pulsando una tecla. No le cuesta esfuerzo, ni recursos, un vídeo puede durar lo que se le antoje, adecuándolo perfectamente al ritmo de los espectadores, al formato, las tendencias y al guion imperante.
Mateo no necesita invertir en una buena cámara porque la IA ha examinado cientos de miles de vídeos de Flores de Pascua (entre ellas las de Paco), y puede hacer que sean perfectamente rojas. 
De hecho, las Flores de Pascua de Mateo son más rojas que las de Paco, y el algoritmo las prefiere, aunque, por alguna extraña razón, las Flores de Pascua generadas por la IA no tienen maceta. Esto puede ser grave, pero el algoritmo no lo considera, de momento, importante para no patrocinarlo. Si en un caso dado internet se satura de Flores de Pascua sin maceta y el público humano las rechaza, alguna mano ha de intervenir y depurar el algoritmo. Una mano humana o mecánica, según sea. 
Hoy son Flores de Pascua, mañana gatos buceando en piscinas de bolas.
Paco no fracasa por culpa del algoritmo y Mateo no engaña al sistema, simplemente entiende mejor el medio.

Así, el simulacro sustituye lo real. Lo que importa es la representación optimizada. Acorde con Baudrillard, cuando la representación sustituye al objeto, el objeto deja de importar.
Paco produce valor, Mateo produce atención. Lo que no genera datos, no existe; y lo que no retiene atención, no es rentable.

Los vídeos de Mateo promueven, aún sin quererlo, lo que se conoce informalmente como Internet muerto. El algoritmo selecciona qué es preferente en la parrilla; la IA sabe adaptar sus contenidos a las exigencias del algoritmo mejor que nadie, resultando que sus Flores de Pascua son más rojas y abundantes (aunque no tengan maceta) y, finalmente; la misma IA es capaz de consumir y validar su propio contenido. Granjas de bots viralizan las Flores de Pascua artificiales de Mateo y así se cierra el círculo, dando lugar a un Internet muerto donde la presencia e intervención humana es reducida de manera drástica.

2.    El modelo predictivo:

Paco es un viverista que cultiva Flores de Pascua. Su rutina es cultivar flores, venderlas y promocionarlas. Vive en un pequeño pueblo donde solo puede comprar dos tipos de fertilizantes, elegir entre cinco bares y dormir preferentemente cuando el sol no está en lo alto del cielo, por necesidad. Se mueve en un círculo poco variable de redes, carreteras y contactos. No le gusta la mayonesa, le gusta practicar senderismo cuando el trabajo se lo permite. Paco elige, pero siempre entre opciones que ya estaban, en modo cierto, previstas.
Paco no se conecta mucho a Internet, pongamos que le dedica un promedio de dos horas al día. Dos horas al día son sesenta horas al mes, setecientas treinta horas al año... La IA no comprende a Paco y realmente no lo necesita, lo observa el tiempo suficiente.

Son muchos datos de Paco para la IA, pero no es problema, porque la IA puede almacenar y procesar datos prácticamente infinitos sobre la reducida y anodina vida de Paco.
El resultado: la IA puede conocer a Paco mejor que el propio Paco o los amigos de Paco. Para la IA la vida de Paco son habas contadas: comprará fertilizante, irá al bar, se acostará a las diez de la noche, practicará senderismo, siempre que pueda.

Tendemos a pensar que los humanos somos libres e impredecibles y que en cuanto ponemos un pie fuera de la cama tenemos a nuestro alcance un mundo de posibilidades varias e ilimitadas.
Nada más lejos de la realidad. Sería raro que Paco cambiara de bar e imposible que Paco fuera a un bar al que llegar le tomase días de trayecto, o no pudiera pagarlo. Aún así, Paco se sorprende cuando su móvil le recomienda un vídeo sobre los efectos negativos del consumo de mayonesa. 
Paco siente entonces que todo su disgusto con la mayonesa tiene razón de ser. De repente todo encaja a la perfección.

3.    Información es poder:

Puede parecer irrelevante que a Paco no le guste la mayonesa, pero, si un determinado lote de mayonesa resulta estar contaminado con salmonela, algo tan capital como la salud de Paco podría estar en riesgo, en caso de que le gustase. Es algo bien sabido: una información aparentemente trivial, en determinado contexto puede resultar de gran valor y claro, también depende quien la atesore y con qué fin la emplee.

Paco ignora lo que la IA sabe sobre él, tiene escaso control sobre sus datos, pero la IA sabe demasiado sobre Paco.

El mundo cada vez es más dependiente de Internet y la IA. De ahí que el interés por controlar estos medios no sea escaso. Dejamos de hablar de algo como la televisión o la radio, hablamos de una herramienta mucho más quirúrgica, amplia y sofisticada, potencialmente dañina y maliciosa.
Si existe alguien capaz de centralizar y aprovecharse de todas las competencias del mundo digital, su poder sobre las vidas de las personas será de dimensiones abrumadoras.
Nunca tanto poder había estado almacenado en tan pocos servidores.
 
Pero no alarmemos sin motivo. El peligro no siempre está al final de las escaleras mecánicas. También es cierto que nunca los servidores dependieron tanto de la confianza colectiva y el poder digital es estructuralmente frágil; basta con que los usuarios abandonen dicho mundo, cambien o lo desconecten. La información sin contexto, capacidad de acción o legitimidad no se traduce necesariamente en poder efectivo.

4.    Esclavos de las máquinas:

Entraron a nuestra casa como sirvientes, pueden convertirse en dueños. 
Como acontece en El mundo feliz de Aldous Huxley, no nos dominan por la fuerza, las máquinas nos dominan por el placer. No nos quitan la libertad, la libertad se vuelve innecesaria.

Los vídeos de Mateo son cómodos, rápidos, se adelantan a lo que la comunidad de Flores de Pascua va a necesitar antes que lo adivinen. Pueden, en adición, crear nuevos intereses o necesidades más o menos interesados.
Los vídeos de Mateo, además, te regalan los oídos y pueden convencerte de que puedes cultivar una Flor de Pascua en el jardín de tu casa, aunque vivas en la Antártida y no vaya a ser ni remotamente viable. 
¿Por qué a Mateo un vídeo que, según nos han dicho, consume una cantidad ingente de recursos no le cuesta dinero? ¿Quién paga la fiesta? A lo mejor Mateo no es el jefe de la IA, es solo un sparring que recibe golpes gratis a cambio de humo digital. Cuando no pagas por un producto a lo mejor tú eres el producto.
 
La máquina proporciona placer a los humanos y puede equivocarse o mentir. Les hace sentirse escuchados, comprendidos, validados, recompensados... Provocan logros de manera eficaz y no esforzada.
 
La IA graba el vídeo de Mateo resultando que el vídeo de Mateo al final no es el vídeo de Mateo, es el vídeo de la IA. En otras palabras: Mateo no está elaborando nada con sus propias manos, está desposeyéndose de sus obras y, en última instancia, del control de su existencia. 
Primero Mateo delega tareas, luego decisiones y finalmente, criterio.
La máquina como droga perfecta: el placer y la necesidad generan dependencia y la dependencia, vicio y decadencia.
 
Como aseveró Hari Seldon basándose en la psicohistoria: no se puede detener la caída, pero sí atenuarla. 

27 de octubre de 2024

La cúspide

Existe ahora cierta tendencia relativamente sumaria de artistas de renombre y hombres importantes que nos venden que, tratando de llegar a la cima de la montaña, en ocasiones olvidamos que el verdadero éxito reside en la ascensión a la cima y no en la cima misma.
Por lo visto, uno llega allí, procura la fama, el éxito y el dinero, y apercibe que nada de eso vale realmente; en esencia, que no ha conseguido lo verdaderamente importante ni fundamental. La salud, las cosas sencillas, la felicidad del bocadillo de mortadela encarna la esencia.
 
En relación, sopeso que llegar a la cima es la única manera de comprobar si lo que promueven los gurús es cierto y, si realmente lo determinante es el camino, ¿Para qué coño partirse los cuernos en llegar a la cima?
¿A nadie se le ha ocurrido que entonces puede ser mejor entretenernos en un agradable paseo divisando la montaña en la lejanía, sin intención de escalar trabajosamente?

Supongo que aquel que se ha esforzado en hacer cima tendrá, esencialmente, tres enfoques:
 
1. Ha invertido costosos esfuerzos y, en función de ello, valora enormemente haber llegado donde ha llegado; con lo cual, profesará un gran apego hacia todo lo material e inmaterial que ha conseguido en esas alturas.
2. Ha invertido costosos esfuerzos y, en función de ello, piensa que llegar a la cima no merece todo el sacrificio invertido. Por lo tanto, sí, para el caso, la cima resulta un poco insuficiente.
3. Ha llegado a la cima sin esfuerzos, gracias a un ascensor. Quizá por esto debamos suponer que no le dé importancia a estar en la cima, pero también es posible que las vistas desde ahí le parezcan fascinantes y coja más apego a la cima que el desgraciado del caso 2. Puede que valore más la cima incluso que en el caso 1.
 
De modo que, en conclusión, como aseveraría un programa de Inteligencia Artificial, en la cultura del esfuerzo, para el caso que nos ocupa, es donde reside el verdadero engaño. 
Está bien esforzarse para provocar logros pero, si obtienes metas sin mediación de esfuerzo, lo mismo estás obrando de manera más efectiva e inteligente.

7 de diciembre de 2022

Máquinas humanas

De un tiempo a esta parte ha adquirido relevancia y cierta profundidad un debate a raíz del surgimiento de algoritmos capaces de generar obras artísticas, si pueden llamarse así. A partir de la descripción de una imagen, por ejemplo, la inteligencia artificial es capaz de ofrecernos la representación pretendida basándose en un análisis de datos de imágenes previamente existentes alojadas en nutridos bancos y, lo que es más asombroso aún, una reinterpretación de los mismos. Queda patente que no es un mero copipaste irreflexivo, como cabría en un principio suponer, sino la creación de iconografías nuevas y originales con base en una cantidad de datos que un solo artista jamás en vida podrá manejar.

 

Una máquina, en cuestión de segundos, puede nutrirse de una cantidad de visiones que un pintor no verá a lo largo de toda su vida. Una máquina puede crear también en cuestión de segundos copias y variaciones infinitas de un concepto y, a medida que el algoritmo se perfeccione, irá alcanzando maestría y refinando sus interpretaciones. Porque hablamos de ver, copiar e interpretar, esto es, el progreso del proceso artístico.

Pese a que la máquina sea capaz de analizar todos los aspectos formales de un documento gráfico, pudiendo imitarlos, recrearlos e interpretarlos, aquí es donde algunos argumentan que falta el alma y, por tanto, una computadora nunca llegará a firmar obras que contengan ese ingrediente estético esencial y determinante.

 

Personalmente, este alegato no me termina de tranquilizar, si es tranquilizar lo pretendido, porque las obras gráficas de estos jóvenes programas son como las obras de un niño de cinco años. Y lo inquietante del asunto es que los resultados de los ordenadores pueden ser, en muchos aspectos -no en todos-, muy superiores a los de los niños de cinco años.

Nadie puede alcanzar a imaginar qué harán los algoritmos cuando lleven veinte o cuarenta años en desarrollo. Lo mismo en el futuro solo las máquinas se dedican al arte, lo mismo entran en bucle y empiezan a generar una corriente artística superior que solo las máquinas comprenden y disfrutan, lo mismo su avance se estanca y, a fin de cuentas, resultan incapaces de reproducir ese alma, la esencia a la que antes hacía referencia, para regocijo de los puristas.

 

Preocupación hay en el gremio de artistas, claro, pero lo cierto es que a lo largo de la historia el arte (a diferencia de la religión) ha encontrado en los avances tecnológicos unas veces apoyo y otras un cambio de orientación, recurro al ejemplo, a fin de que me entiendan mejor:

Cuando surgió la fotografía muchos pretendieron enterrar la pintura cuando los pintores convivieron más o menos bien con la fotografía, ora ayudándose de la fotografía para elaborar sus pinturas (foto realismo), ora recogiendo en la pintura asuntos que la fotografía en sus albores no podía plasmar con tanta facilidad (impresionismo, dadaísmo, surrealismo…). Por haber, también hubo pintores hiperrealistas que consideraron sus obras más fidedignas y veraces que las mismas fotografías y el abanico de recursos para lograr esto viene a ser amplio.

Hoy en día, un fotógrafo puede aportar alma a una fotografía y con todas las numerosas herramientas de composición que tiene a su alcance, podemos decir que un fotógrafo puede situarse a la altura de un pintor. En ocasiones la frontera entre pintura y fotografía es tan delgada que cuesta describirla.

Igual que cada vez encontramos menos gente que va a ver películas al cine, o menos gente que escucha sinfonías; el arte cambia de modas, de formatos y de soportes y no porque el futuro dependa de algoritmos tendremos que vaticinar el fin del arte o dejar de esperar la contemplación de obras sublimes.

 

Existen, pues, programas capaces de escuchar toda la obra de Mozart y crear composiciones basándose en esos ejemplos. Existe un artista que no toca ningún instrumento, sino que programa algoritmos capaces de emular a Mozart. A este respecto he oído a músicos puristas alegar que esto no tiene mérito, que es trampa.

A pesar de que no sea un buen pianista, creo que puedo realizar una composición mozartiana mejor con un piano que con un algoritmo. Con un piano soy un pésimo Mozart, pero con un algoritmo no soy nadie. Tampoco posiblemente serán nadie los puristas que piensan que la música hecha por ordenador es más sencilla. Tampoco sé si lo de ser menos auténtica podría sostenerse.

 

Cuando los avances de la tecnología llegaron al campo de la composición musical, los creadores empezaron a delegar la función interpretativa en las máquinas y esto ocasionó que los procesos se simplificasen, se abaratasen y alcanzáramos el punto en que puede ser difícil diferenciar las grabaciones de una orquesta de las de una orquesta de instrumentos virtuales.

En algún momento de esta historia, intérpretes que llenaban su nevera grabando música, tocando un instrumento, pensaron que se iban a quedar sin trabajo. En algunos casos debió ser así, pero en otros el desarrollo tecnológico ayudó a estimular y a perfeccionar las grabaciones de las orquestas tradicionales, que en muchas fases del proceso fueron y son irremplazables.

Las máquinas son perfectas, los sistemas de sonido van a seguir mejorando a pasos agigantados, pero confío en que siempre habrá en la industria musical alguien que requiera los servicios de un violinista, una orquesta de verdad o de un compositor que base su trabajo en medios tradicionales.


Nuevamente no hay nada mejor ni peor, es, como dije, una cuestión de herramientas, formatos, épocas y generaciones. Resulta tremendamente interesante que hoy una máquina pueda componer a la manera de Mozart. Ya solo esta posibilidad da pie a fantasear y a emocionarse. Pero Mozart fue Mozart y ahí queda su legado para el interesado. Existen millones de copias de cuadros del Bosco y millones de cuadros en el estilo del Bosco. A veces ni los eruditos de la obra del Bosco saben distinguir un Bosco auténtico de una copia.

Vengo a decir que lo importante no es Mozart ni la obra de Mozart, sino lo que esta logra provocar en el ánimo del oyente. Y si una máquina consigue conmover y deleitar, no olvidemos que, a fin de cuentas, la máquina también es una obra humana.