19 de septiembre de 2026

In the Mean Times

In the Mean Times, de Louis Michael, nos brinda piezas breves, reconocibles y bastante concretas, en las que resuenan ecos clásicos, cinematográficos y minimalistas junto a una melancolía deliberadamente cotidiana, sin pretensiones. Poco a poco, sin embargo, esas ideas sencillas se van volviendo más extrañas y abstractas, se desdibujan: lo que al principio parece una sucesión de pequeñas escenas termina transformándose en un recorrido cada vez más inquietante y experimental.

Un piano metálico, íntimo y lleno de fieltro es la voz narradora, pero la producción gana especial interés con la incorporación de sonidos ambientales, que sitúan las piezas en espacios más físicos y prosaicos. Hay algo de juguete barroco, de película casera y de cuento invernal; después, como avisamos, las formas se complican, se desvanecen y dejan de ser tan fácilmente recordables. Una muestra que encuentra precisamente en esa desintegración uno de sus principales atractivos, aunque puede que alguien también encuentre ahí una de sus principales decepciones.

Es difícil no dejarse llevar por las asociaciones surrealistas que provocan sus sonoridades: Twin Peaks aparece en alguna esquina, Forrest Gump regresa bajo formas cada vez más enrarecidas y espectrales, y Beethoven parece haberse cruzado con el dadaísmo. Hay cuentos rusos, trotes caballerescos, cumpleaños tristes y hasta la desconcertante y vívida imagen de un perro lleno de barro tocando el piano con el hocico y las patas. Incluso cuando parece que algo terrible está a punto de ocurrir, no necesariamente ocurre. Y es precisamente esa indefinición la que resulta más dramática. Es precisamente esa capacidad para sugerir pequeñas historias sin terminarlas de explicar la que hace que In the Mean Times resulte tan peculiar, fascinante e innecesario.

Creo que Louis Michael ha conseguido encapsular un tiempo poético que podemos tener el placer de vivir.