23 de enero de 2016

Muertos

Una amiga publicaba en internet que había encontrado una empresa de servicios con la que estaba muy contenta. La gente le dejaba comentarios asegurándole un éxito rotundo.

La empresa en cuestión se dedicaba a resucitar muertos y, en esta ocasión, habían resucitado a su abuela. Para ello, habían introducido el cadáver en una vitrina de vidrio y, debajo de él, habían colocado unos muelles para que se incorporase. Sobre la cara de la difunta proyectaban imágenes de otra cara que gesticulaba y, a través de unos altavoces, reproducían la voz de la difunta, con frases reveladoras.

La habitación donde sucedía este macabro experimento era una mezcla entre iglesia y hospital, con mármol blanco y biombos turquesa típicos de quirófano. Yo observaba todo a través de destellos de relámpagos artificiales, humo, y encontraba en todo cierto aire mexicano.

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