14 de agosto de 2010

Reflexiones secretas del Poeta de las pirámides


Como diría Octavio Paz, no todo texto construido bajo las leyes del metro es poesía.

Justo al concluir su poema, el Poeta de las Pirámides encontró casualmente un caligrama similar al suyo escrito décadas atrás y confrontando los textos sólo encontró razones para ser aún más pesimista y sentirse más solo y triste. Tras encenderse un cigarrillo quedó pensativo con la vista clavada en la biblioteca, donde encontró un volumen de poesía circular. Sus páginas estaban en blanco pero el Poeta de las Pirámides no lo sabía porque ni siquiera había abierto el libro alguna vez.
Recordaba habérselo hecho llegar un joven poeta por entonces poco conocido años atrás. El joven se presentó como un ferviente admirador de la poesía piramidal y a continuación le expuso algunas de sus ideas. El Poeta de las pirámides aceptó de mala gana el obsequio y trató de concluir la entrevista lo antes posible, creyendo que nunca más volvería a encontrarse con aquel joven y tomándole por un extraño fanático. Ahora, en cambio, todo el mundo hablaba de poesía circular. Mientras inhalaba el humo con cierta parsimonia trataba de justificarse en su fuero interno

Eso es porque todo el mundo desea encontrar, de alguna forma, el final feliz que no existe en sus vidas.

Pero cada vez se convencía menos a sí mismo y se sentía más solo, triste y muerto.
Para emprender la escritura de un nuevo poema acudió con santa resignación a su máxima más frecuentada

Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

El gato del Poeta de las pirámides abandonó la biblioteca torciendo el espinazo en persecución de una pista que había llamado su atención.

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