9 de abril de 2011

Yo también

La obra que hoy queremos mostrar apareció en una concurrida zona de Moncloa. Es curioso, porque la afluencia de gente ha originado que las empresas de publicidad saturen de forma abusiva los alrededores del intercambiador y el intercambiador mismo. Dentro y fuera de este recinto cada cierto tiempo se organizan campañas con letreros de grandes dimensiones no sólo en los lugares destinados al efecto, sino también en paredes, vagones de metro, autobuses, ventanas, techos, suelos, escaleras... no hay escapatoria posible. La locura se desata en cuanto se reparten muestras de productos o se trata de captar al cliente de mil maneras distintas a pie de calle. Estas gigantescas campañas generan auténticas distorsiones en el espacio público produciendo sensaciones de agobio, desorientación e incomodidad en los viajeros.
Lo último que hemos podido ver es el anuncio de una cafetera futurista. Los responsables de la marca han llenado todo de pequeños círculos que producen mareantes efectos visuales. Más que un comercial parece una obra de Op-art. Además de poco estético resulta, para colmo, un tanto molesto y ni siquiera creo que esto sea una buena publicidad para la marca pues si bien el anuncio resulta inevitable, es tan agresivo y confuso que cuesta trabajo recordarlo. De hecho, nosotros, que hemos visto y comentado el anuncio, no hemos conseguido recordar la marca de la cafetera, el café o lo que estuviera anunciado. Lo más que se distinguía era algo parecido a esto:




Pero con puntos y una cafetera en el centro, en paneles de varios metros cuadrados de tamaño, luminosos. 

Quizá por la proximidad de una zona comercial textil parece siempre haber un espacio reservado para marcas de ropa. En cierta ocasión, en vez de encontrar los clásicos modelos de determinadas medidas, maquillados, retocados digitalmente y demás, aparecía el número uno del ajedrez mundial, no tan esbelto, claro, pero sí ofreciendo una imagen perfectamente estudiada. Creo que también anunciaba moda, no puedo asegurarlo porque tampoco he encontrado este anuncio ni hemos conseguido recordarlo, el caso es que, por contraste, me pareció una publicidad algo contrapublicitaria. Lo importante es el interior parecía querer decir aquel anuncio y eso, en un anuncio de ropa, es bastante inusual. En otros anuncios puede ser bastante frecuente como, por ejemplo, en el de un yogurt. Pese a que el anuncio captase mi atención no creo que los anunciantes crean que lo importante es el interior, sino más bien que colocar al número uno del ajedrez mundial puede llamar la atención, es una buena  forma de desmarcarse de la competencia y puede ocasionar beneficios a la marca para la que trabajan. La inteligencia es bella, ¿no? Yo no conozco a aquel ajedrecista pero por su título mundial no puedo asegurar que sea una persona inteligente. El ajedrez es un juego complejísimo, pero la inteligencia representa un sinfín de parcelas donde el razonamiento y lo propio del ajedrez es sólo una pequeña parte. Esto vale para el ajedrez, para el arte, para los negocios, para el deporte o para la política. Puedes ser el mejor en algo y un completo zote el resto del día. Quiero decir que es bastante absurdo que un departamento publicitario te diga qué es bello o qué es inteligente y eso, precisamente, es lo que quiere decirte aunque tú no quieras escucharle.

Campaña tras campaña, exceptuando el ya comentado caso del jugador de ajedrez, las empresas publicitarias insisten en fotografiar y vestir a modelos de mil formas distintas pero siempre de manera igual. La zona publicitaria de Moncloa va siendo invadida cada vez por una nueva moda y, esto es lo más sorprendente, hay una persona o un grupo de personas que se dedica a distribuir bocadillos en los anuncios:














También de forma insistente y con un mensaje claro:

No es real todo lo que ves.

No hay comentarios: