16 de abril de 2026

Lechugas

Una casa en alquiler se había quedado libre, y mi padre y mi hermano la inspeccionaban, encontrando objetos de relativo valor. Como la casa llevaba mucho tiempo deshabitada, era extraño que aún aparecieran aquellos objetos, mas descarté que realmente todo aquel material se pudiera aprovechar. 

Esto me recuerda inopinadamente a otro sueño en otra casa de alquiler, en una zona deprimida. En aquel otro sueño el piso, aun viejo, era bastante amplio y disponía de una terraza que daba a un patio interior. La terraza estaba medio derruida, tenía un techo muy bajo y hasta parecía peligroso transitar por ella. Tampoco sabíamos muy bien si incumplía algún tipo de normativa. 


Un amigo de mi novia se había ido a vivir a otro piso de alquiler en la costa, de manera provisional y con carácter de favor, esto es, sin pagar alquiler a mi familia. El tiempo había pasado y el amigo no había abandonado el piso todavía. Mi familia no conocía con exactitud esta situación y hablaba con mi novia para evitar que la estancia se prolongara y aquello no se convirtiera en un problema. Le pedí a mi novia que tratara con su amigo pero, si queríamos hacer las cosas legalmente, deberíamos darle cuatro meses de preaviso, sumados a dos meses más, que es lo que tardaría el amigo en desalojar. Aunque medio año pudiera parecer mucho tiempo, inicialmente calculé que nos tomaría años recuperar la vivienda, con lo que lo encontré hasta cierto grado razonable. En suma, me enfadé con mi novia pues, lo que inicialmente había sido una propuesta suya en favor de un amigo, al final se estaba convirtiendo en un quebradero de cabeza. 

Caminábamos por una suerte de factoría-mercado, incluso por zonas por las que el tránsito no estaba permitido. Era un laberinto de salas y escaleras y por momentos me desorientaba. Mi novia se dirigía a a un puesto de ensaladas. Recuerdo que había hojas de lechuga muy verdes y frescas, rociadas de agua. De camino a aquel puesto choqué accidentalmente con un joven que vestía una camiseta de la selección nacional de fútbol de Argentina. El joven se disculpó amablemente y profirió algo gracioso que no recuerdo (posiblemente no fuera gracioso, sino algo completamente falto de sentido), pero acepté las disculpas de buen grado e incluso le comuniqué que me guardaba el chiste, por si me volvía a chocar con alguien y podía emplearlo. 

Las lechugas viajaban por una cinta transportadora hasta el puesto de ensaladas y yo andaba por la cinta también. En la nave se oían avisos por megafonía sobre seguridad. Los avisos señalaban algo así como que no era conveniente andar por las cintas para "preservar los niveles de ozono". No había oído aquellos avisos con anterioridad pero imaginé que los trabajadores de aquel lugar los conocerían de memoria y, por alguna razón, a mí me sonaban familiares y pensaba que también debía conocerlos.

No hay comentarios: