12 de octubre de 2016

Muertos vivientes

Estaba en un pueblo perdido de la mano de Dios y un granjero me secuestraba. Me llevaba a un cobertizo lleno de cadáveres en descomposición, llenos de hormigas. Los muertos cobraban vida al anochecer, de día eran bastante tranquilos. No sé cómo ni de qué manera, logré escapar, y fui hasta un parque con columpios donde unos guardias civiles estaban jugando. Les conté la historia pero no me creyeron. Cuando fuimos al cobertizo no encontramos nada. El granjero consiguió deshacerse de los guardias civiles y a la noche, cuando volví al cobertizo, me los encontré con sus uniformes ensangrentados. - ¿Veis como era verdad? - les dije. 
La familia del granjero llegó al pueblo a visitarle y me enseñaron una especie de casa pequeña y en varios pisos, que se asemejaba mucho a una noria de agua. Siguiendo el río llegué a una piscina termal que estaba en una comunidad de pisos. El presidente de la comunidad me vio bañándome y me increpó, pero llegamos al acuerdo de que por 60 euros podría hacerlo a partir de entonces.

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