[Aplauso].
Presentador - Buenas noches, buenas noches… [aplauso].
Buenas noches. Uf…
vengo cansado hoy, ¿eh? Y eso que trabajo poco… imagínense si me esfuerzo [Risas].
Bueno. Vale. Hoy tenemos… Sí, hoy tenemos a alguien muy especial. El autor de El viaje de Antonio, que es como se llama a sí mismo. Sí, sí… no se emocionen demasiado todavía, que aún no hemos arrancado. [Risas].
A primera vista, no es el típico músico que tienes en mente después de escuchar… qué se yo, mil o dos mil canciones. No es el genio incomprendido con cara de no me hables. Tampoco el profesional que posa en Cancún para las fotos de Instagram mientras da like a sus propios temas. No. Qué va, no. Ni siquiera tiene Tik Tok. (Mira a cámara) Eso ya es underground… o Hacienda, directamente.
Digamos que está en un punto intermedio. Un punto... así como… gris, incómodo, alternativo… como ese bar de barrio donde todos conocen tu nombre… pero nadie te paga la cerveza. [Risas]. O como ese amigo que te invita a cenar y solo tiene pan de molde y kétchup. [Risas]. Con el limón seco ahí en la nevera… ya saben, sí. Eso es. Bueno. Qué les voy a contar.
Desde sus primeros mixtapes, -que es como los llamaron por un tiempo, no sé si ahora, estamos algo mayores ya- hasta… prepárense… ¡cinco mil temas!
Sí, cinco mil, han oído bien.
En cosa de unos quince años.
Eso son más canciones que horas que uno pasa durmiendo en vida. Que ya es decir, porque yo, por lo menos, trabajo poco y tengo que reconocer que duermo como un diputado en sesión de tarde. [Risas]. Sí bueno. Últimamente alterno con el Candy crush. [Risas].
Sí señores. Más horas que en el AVE con retraso, que ya es decir. Te haces un Madrid-Barcelona… y cuando llegas, este hombre ha sacado cinco discos y te ha dejado uno en el asiento. [Risas].
¡Y eso que no hace
cuentas! Pero ojo, todo esto no lo hace por fama, ni por dinero… lo hace porque
sí. Porque tiene que hacerlo. Por sus santos cojones. (Mira a cámara, medio susurro)
Así se han hecho las grandes cosas en este país.
Sí. Amigos, hay que levantar el país. No queda más remedio. [Vítores]. No, no queda otra.
Ya, bueno. Él dice que no entra al estudio a grabar música, oye… entra al estudio como quien va al gimnasio… o a la iglesia. Sí, ahí, levantando crucifijos y botafumeiros... hace genuflexiones con mancuernas, no digo más. Como una especie exótica de superhéroe cristiano musculoso. Corriendo en cinta con sandalias, barba y túnica. [Risas]. CrossFit Nazareno.
No se lo van a creer, lo tiene todo; es metódico, caótico, autodidacta, regular… hasta el punto de que te preguntas si debería tratarle un psiquiatra. ¿No? Eso sí, es consciente de sus límites en todo momento. [Risas]. No, hombre, claro. [Risas]. ¿Sí, eh?. Tiene, digamos, como se dice, los pies en la tierra.
No como, por ejemplo, qué sé yo, la señora Ayuso, que no sabemos si saca pecho por haber sido la community manager del perro de alguien… o por haber tenido su Golfito en propiedad. [Risas].
Que claro, a todo esto no sabemos si lo de “Golfito” era por el coche… o por el novio. [Risas]. Yo ahí lo dejo. Hacienda también, por lo visto… (Mira a cámara, pausa) Esto lo cortamos… ¿no?
Pero bueno, no desesperemos, al fin y al cabo, tampoco sabemos a día de hoy quién es M mayúscula (punto) Rajoy. [Risas]. Porque eso, amigos, es otro tema. ¿No? [Aplausos]. No, en serio. La última noticia que tengo es que lo andan buscando.
Aparecerá en el último sitio en el que estuvo, eso seguro. A mí siempre me funciona con las llaves de casa. [Risas, aplausos]. Nunca falla. [Risas].
Pero bueno... El autor de El viaje de Antonio sí parece tener algo claro: no va a cambiar el mundo. Eso lo dejamos mejor para otro día, si toca. Quedamos en el bar y lo arreglamos, ya saben cómo somos los españoles. [Risas]. A las dos de la mañana estamos tomando la última… y a las seis ya estamos repartiendo mosquetes y crucifijos por América [Risas].
Aun así, sigue el tío, pesado. Dando la turra con los hits. Venga y venga hits, no se cansa. A disco por semana. A vídeo por día. Sigue el tío ahí. Igual que nosotros cuando intentamos armar muebles de Ikea sin leer las instrucciones o pretendemos cocinar algo de Master Chef… bueno, bien, lo dejamos estar ¿eh?. [Risas].
El autor del viaje de Antonio no busca épica, no pretende gloria, el prestigio le persigue, pero es más rápido. Lo que sí hace es desmontar mitos de la creación estética a golpe de martillo, de manera altruista. Esto es sin cobrar, para el que no lo entienda.
Conque si el esfuerzo no garantiza éxito, que si el talento no asegura reconocimiento, que si la constancia no te da medalla… en su caso concreto, acumula canciones como un auténtico Diógenes digital… y aun así cada tema es especial. Aunque de eso último nadie se da cuenta.
En definitiva, este
hombre entiende las reglas del juego… y aun así sigue apostando. Un poco como
cuando jugamos a la lotería, pero con acordes en vez de boletos y con menos
probabilidades aún de ganar… y más sudor, por supuesto. Religioso y devoto
sudor, como dijimos. Sudor de gimnasio mezclado con aroma de incienso. [Risas].
(Mira a cámara)
Sin IVA, claro.
Y ahora… señoras y señores, con todos nosotros… el autor de El viaje de Antonio. ¡Aplaudan! Y hagan ruido, que el eco de cinco mil canciones no se escucha solo.
[Aplausos].
El autor de El viaje de Antonio - [Entra en escena y se sienta en un sofá]. Gracias, no me lo esperaba.
Presentador - ¿Qué tal? Ha estado bien entonces, ¿no?
El autor de El viaje de Antonio - No lo sé. Lo decía por el chiste de Ayuso, más que nada, juro que no lo vi venir. [Risas].
Presentador - Bueno, bueno, ¿sabes una cosa? Te lo voy a contar, pero en confianza. Mira, andamos con recortes en producción. Nuestros guionistas cobran poco y mal. Están últimamente a base de los bocadillos que damos al público, fíjate… Así que el monólogo se lo encargamos a la IA y por eso ha quedado un poco típico. [Risas].
El autor de El viaje de Antonio - No sé si creérmelo.
